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Entradas

"Nosotros", de Evgeni Zamiatin

Nosotros es, junto con la muy mentada en este blog Señor del mundo, la gran olvidada en cuanto a literatura distópica se refiere. A pesar de ello, ambas obras tuvieron una influencia muy directa y explícita en todo el devenir posterior del género no demasiado reconocida. La obra es una especie de mensaje que deja el protagonista a los seres humanos del pasado para explicarles el modo de vida de su sociedad ideal, pero en la que se ve obligado a ir reflejando situaciones inesperadas que van concurriendo en la historia. Como constructor de un artefacto diseñado para visitar otros planetas del Sistema Solar, considera que tiene un papel trascendente en la difusión de un modo de vida calculado, controlado y cronometrado en el que los seres humanos son simples piezas de una gran maquinaria; y este concepto se lleva al extremo de que los nombres se sustituyen por meros códigos o números. Está escrita de de una manera heterodoxa y poco corriente, a partir de anotaciones periódicas del narrad…
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Eutanasia

El tema de moda. Había que hablar de él por pereza que me produzca. Y es que no puedo más que reirme cuando leo la expresión "el debate de la eutanasia". Creo que las leyes y reglamentos en general pueden clasificarse en tres categorías básicas: los corrientes (de presunto interés general), los ideológicos y los morales. De ellos, los únicos en los que tiene un verdadero sentido el debate son los primeros, dado que cualquier facción política o ciudadano en conciencia está de acuerdo en el qué y podría plantearse el acordar el cómo (aunque en realidad casi nunca se hace). Las leyes ideológicas son aquellas que entraron en su edad dorada con el entronamiento de Zapatero y se asentaron con Sánchez, en forma de gaseosas y trilerismos o regulación de pamplinas, aspavientos con que rellenar periódicos y noticieros a falta de mejores iniciativas; todo para camuflar la inacción o insolvencia en épocas de gobiernos endebles que necesitan estar en continua campaña electoral... O dich…

Lo que se ha cumplido de las distopías clásicas

En los años revueltos y vertiginosos en los que nos ha tocado vivir, me apetecía hacer un análisis retrospectivo para intentar indagar en el acierto que lograron en su día los grandes profetas de lo siniestro a nivel social, los autores de novelas distópicas. Y el resultado, sinceramente, me ha sobrepasado.
Sin duda, todas las distopías del siglo veinte beben de manera más o menos explícita y confesa de Señor del mundo, de Robert Hugh Benson y Nosotros, de Eugeni Zamiatin. La de Benson es una historia que pivota a nivel temático sobre la religión, aunque también es la pionera en vaticinar una geopolítica globalista de grandes bloques enfrentandos. Fue escrita antes de las dos grandes guerras que cambiaron el mundo a todos los niveles, y toma ideas antiguas incluso para la época (en concreto, el contexto de los ridículos intentos de sustitución del cristianismo después de la Revolución Francesa), lo que ha hecho que Señor del mundo haya envejecido peor que otras y, a pesar de su nivel…

"A contrapelo", de Joris Karl Huysmans

Después de terminar la houllebequiana Sumisión, sentí curiosidad (como seguramente otros muchos) por leer a Joris Karl Huysmans, el autor decadentista francés que saturaba el paisaje de fondo de la novela (el narrador/protagonista ‎era un profesor universitario especializado en su obra). Pude comprobar entonces hasta qué punto era desconocido en España y que sus novelas no eran especialmente fáciles de encontrar en nuestro idioma, aun rebuscando bien por la red. Me di por vencido en su momento, pero hace pocos meses encontré de casualidad A contrapelo (su presumible obra cumbre) en una sencilla edición de Cátedra, mirando un muestrario giratorio a través del escaparate de la librería Tipos Infames de Madrid. A contrapelo es el paradigma de obra que hoy ninguna editorial aceptaría publicar por demasiado intelectualista y poco fluida. Sin un gran desarrollo narrativo, desgrana la huída de un joven noble venido a menos de una sociedad en decadencia que aborrece, para construir un pequeño…

Ser un poco más egoísta

A finales de noviembre del año pasado se celebraron en la Universidad Complutense de Madrid unas extrañas jornadas de diálogo interreligioso organizadas por la AJICR (Asociación de jóvenes investigadores en Ciencias de las religiones), que generaron una cierta polémica por tratar la religión  satánica. No había en realidad motivo para trapisonda, porque la asociación satanista invitada como ponente era, en realidad, un simple club de hedonistas en busca de dignidad en forma de reconocimiento público y, probablemente, subvenciones, que insiste en el carácter ateo o agnóstico de su movimiento; y en tres largas entrevistas en la prensa no son capaces de explicar por qué se consideran una religión cuando afirman que para ellos Satanás no es una divinidad, sino un simple referente literario y filosófico. Sus trasfondos intelectuales resultan bastante limitados y reduccionistas, al omitir figuras fundamentales (e incómodas) como Aleister Crowley, negar el ritualismo de Lavey, y manipular l…

Sentimientos desechables

Hace pocos días, entrando en una estación de metro de un barrio no precisamente sofisticado, pude ver un cartel en el que la Comunidad de Madrid anunciaba un servicio para ayudar en los trámites y el proceso a los matrimonios que pretendan separarse en la región. La cuestión no tendría mayor importancia si no fuese porque se ofrecía con las mismas formas en las que se vende cualquier producto comercial, como cuando alguna marca trata de persuadirnos con ánimo de lucro para que vendamos el coche, cambiemos nuestros hábitos alimenticios o convencernos de que vivimos en una sociedad peligrosísima y necesitamos una alarma... Es decir, para que cambiemos nuestra forma de vida. No he visto nunca, sin embargo, a administración alguna gastando dinero en publicitar recursos públicos de apoyo psicológico o terapia a familias o parejas con problemas, quizás porque esos servicios no existan. Se trata, ni más ni menos, de la implementación en el terreno psicosocial (con el dinero de todos) de los…

"Solenoide", de Mircea Cartarescu

No me gusta, en general, reseñar grandes obras, porque me parece un ejercicio redundante e impropio de una bitácora tan minoritaria como la mía. Pero cuando terminé Solenoide y me puse a buscar comentarios ajenos, la gran mayoría de lo que encontré eran superficialidades de compromiso, reproducciones de la nota de la editorial Impedimenta a propósito de la obra, o incluso gilipollecitas de gente que muy probablemente ni se la ha leído (me he topado, incluso, con quien le dedicaba un artículo confesando no haberse leído más que la cuarta parte). Para colmo, en una reciente lista confeccionada para Babelia (el suplemento cultural de El País), en la que supuestamente se ordenaban "los mejores libros del siglo XXI", Solenoide no aparecía... Y sí obras de los propios intelectuales que votaban (lo que me parece de muy mal gusto), amén de estrellas de la cultura pop en lo más alto, como el cómic Persépolis, de Marjane Satrapi o el inefable best seller Sapiens. De hecho, creo que e…