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Ficción al servicio de la realidad

Hace unas semanas, durante el Festival EÑE en Madrid, acudí a una charla titulada Novelas contra la imaginación, en la que los escritores Miguel Ángel Hernández Navarro, Adolfo García Ortega y David Toscana debatían acerca de la realidad estricta plasmada en novela en contraposición con la ficción pura. Es un tema morboso que nunca pasa del todo de moda, pero en los últimos años ha dado mucho de que hablar con la polémica saga autobiográfica de Karl Ove Knausgard, donde novela "Su lucha" personal a partir de su divorcio hasta llegar casi a dinamitar, por desclasificación de intimidades demasiado recientes, su vida personal por completo. No se discute tanto sobre el movimiento ontológico inverso, a pesar de haber sido mucho más importante y de uso extensivo a lo largo de la historia, quizás por vergüenza torera. Y es que muy a menudo la ficción ha servido para explicar la realidad (o una parte de ella), sobre todo cuando faltan piezas en el puzle. El ejemplo que me gusta pon…
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Puritanismo progre

Me sorprendió bastante ver entre los trending topic de Twitter las menciones al grupo musical Def Con Dos, pero más todavía que casi todos los comentarios eran críticas al tema que estaban promocionando. Todo giraba acerca del estribillo:
No hay nada más falso y que más estorbe que el nuevo puritanismo progre
Me puse a pensar entonces que quizás la mayoría de la gente que echaba espuma por la boca pensaba que Def Con Dos era un grupo pop español al uso, de los "de la ceja" zapateril, a los que, por tanto, les tocaba como misión el difundir en su estilo los mensajes del Imperio, provocando pero bajo control. Pueden ser mucho más comerciales que otros, sí, y famosos casi de casualidad por hacer bandas sonoras para Álex de la Iglesia, pero no dejan de ser un grupo punk... Y hay que ser muy idiota para pensar que el punk tiene que criticar unas cosas sí, pero otras no. Que no está, básicamente, para tocar los cojones al mundo. Añado, por cierto, que Def Con Dos todavía tienen frase…

"El Crack cero", de José Luis Garci

Reconozco que en este caso, una pifia de Google hizo que estuviese a punto de no ir a ver la película, ya de por sí escondida y ninguneada en las carteleras por la aversión que le tiene el mundo cultural español al director. La razón fue que en la búsqueda aparecía en primer lugar en el reparto Miguel Ángel Muñoz. No es que tenga nada contra él, pero convendrán conmigo que tiene un perfil y una planta tan diferentes a los de Alfredo Landa (para quien no lo sepa, protagonista de la película original de la saga), que resultaba casi insultante y llegué a pensar que a Garci se le había ido completamente la cabeza. Afortunadamente, la película seguía en los dos mismos y heróicos cines de Madrid la semana siguiente, me picó de nuevo la curiosidad, y pude constatar que el actor que encarnaba a Germán Areta era Carlos Santos, al que recordaba a bote pronto como Povedilla en Los hombres de Paco y algún otro papel cómico. Esto me enamoró de inmediato, porque suponía exactamente el mismo reto d…

"Last blood" o el funeral del justiciero

No suelo hacer entradas en el blog sobre películas de este tipo. Last blood es muy, muy floja, sin mucho que salvar, emborronada sobre todo por esa puñetera manía que tiene Stallone de intentar hacer, siempre que tiene la oportunidad , lo que no ha aprendido en casi cincuenta años de carrera: interpretar. Al igual que Schwarzenegger, solo es capaz de actuaciones convicentes cuando habla poco y hace su único personaje. Para colmo, podemos decir que durante demasiados minutos no vemos a Rambo, sino a un tipo que se llama como él, al que se le ha olvidado todo su oficio, toda su capacidad táctica; y no se distingue demasiado en sus quehaceres y recursos de un preparacionista novato de la América profunda. Con el párrafo anterior tendríamos suficiente (o incluso demasiado) para hablar de esta producción, y podríamos dejarlo ahí porque no da para mucho más, señalando la curiosidad de que la mitad del reparto son españoles haciendo el papel de mejicanos. Pero Last blood es mucho más import…

Tiempos de libertad

Ente la era en la que el Valle de los Caídos sepultó a Franco y la euforia domesticadora de la entrada de España en la Unión Europea, hubo en España un tiempo de leyenda, una edad dorada en la que la creatividad fluía sin los corsés involutivos posteriores. Déjenme que les cuente algunas de estas magníficas aventuras...
Hubo un tiempo en que el humor popular, clásico, alejado de la pretensión fallida del monologuismo, era visible en teatros y platós de televisión. Eran épocas en las que se hacían chistes y gracietas de casi todo, de esas que hoy solo están permitidas a los travestis (o al menos lo estaban en el momento de escribir estas líneas). Y, a pesar de que no se había institucionalizado la censura moral y lingüística bajo diversos eufemismos (por ejemplo, la "autorregulación" o la "responsabilidad social"), lo cierto es que se ofendía o fingía ofenderse mucho menos que en la actualidad.
Hubo un tiempo en el que en política todas las facciones políticas (a e…

"El nervio óptico", de María Gainza

No acostumbro a reseñar libros que no se hayan editado en los últimos meses, pero con este he decidido hacer una excepción. Lo tenía en casa desde hacía algún tiempo camuflado entre sus primos, al punto de no tenerlo del todo presente. Pero hace unos días, echando un vistazo a las estanterías de la librería "Tipos Infames", con el proceso de elección de mi siguiente lectura corriendo en paralelo por mi mente, me topé con él y con la razón, ya casi olvidada, que me había decidido a comprarlo en "La buena vida". No me negarán que tal cadena de advenimientos providenciales no son como para ser tomados en serio. El nervio óptico es una novela muy peculiar, episódica, en la que el título puede llevar a engaño. La sinopsis pública ya advierte que los vectores de la historia son pintores y, sobre todo, cuadros concretos, pero no se trata en absoluto de una novela visual, ni en lo narrativo ni en lo estilístico. Estas obras son evocaciones sentimentales a las existencias i…

Midsommar, de Ari Aster

Esta película me llamó la atención desde el momento en que la vi anunciada en algún cartel por lo exótico de la temática: por mucho que el márketing de brocha gorda y los entendidillos con blog se empeñen, lo cierto es que hay tan pocas películas de terror relacionadas con cultos paganos que resulta ridículo utilizar el término de folk horror para acomodarla en algún subgénero... O siquiera el definirlo. Lo cierto es que poco más se había hecho hasta ahora que el famoso Hombre de mimbre y su horrorosa versión reciente protagonizada por Nicholas Cage. La gran diferencia entre El hombre de mimbre y Midsommar, que hace además especial esta última, es precisamente el momento en el que fueron producidas: mientras en los años setenta las religiones paganas confederadas a menudo bajo el nombre de Wicca eran algo extraño, percibidas al mismo nivel de excentricidad que las muchas sectas que triunfaban en esa época y la anterior en el intoxicado mundo espiritual hippie, pero muy minoritarias e…