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Entradas

"El Crack cero", de José Luis Garci

Reconozco que en este caso, una pifia de Google hizo que estuviese a punto de no ir a ver la película, ya de por sí escondida y ninguneada en las carteleras por la aversión que le tiene el mundo cultural español al director. La razón fue que en la búsqueda aparecía en primer lugar en el reparto Miguel Ángel Muñoz. No es que tenga nada contra él, pero convendrán conmigo que tiene un perfil y una planta tan diferentes a los de Alfredo Landa (para quien no lo sepa, protagonista de la película original de la saga), que resultaba casi insultante y llegué a pensar que a Garci se le había ido completamente la cabeza. Afortunadamente, la película seguía en los dos mismos y heróicos cines de Madrid la semana siguiente, me picó de nuevo la curiosidad, y pude constatar que el actor que encarnaba a Germán Areta era Carlos Santos, al que recordaba a bote pronto como Povedilla en Los hombres de Paco y algún otro papel cómico. Esto me enamoró de inmediato, porque suponía exactamente el mismo reto d…
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"Last blood" o el funeral del justiciero

No suelo hacer entradas en el blog sobre películas de este tipo. Last blood es muy, muy floja, sin mucho que salvar, emborronada sobre todo por esa puñetera manía que tiene Stallone de intentar hacer, siempre que tiene la oportunidad , lo que no ha aprendido en casi cincuenta años de carrera: interpretar. Al igual que Schwarzenegger, solo es capaz de actuaciones convicentes cuando habla poco y hace su único personaje. Para colmo, podemos decir que durante demasiados minutos no vemos a Rambo, sino a un tipo que se llama como él, al que se le ha olvidado todo su oficio, toda su capacidad táctica; y no se distingue demasiado en sus quehaceres y recursos de un preparacionista novato de la América profunda. Con el párrafo anterior tendríamos suficiente (o incluso demasiado) para hablar de esta producción, y podríamos dejarlo ahí porque no da para mucho más, señalando la curiosidad de que la mitad del reparto son españoles haciendo el papel de mejicanos. Pero Last blood es mucho más import…

Tiempos de libertad

Ente la era en la que el Valle de los Caídos sepultó a Franco y la euforia domesticadora de la entrada de España en la Unión Europea, hubo en España un tiempo de leyenda, una edad dorada en la que la creatividad fluía sin los corsés involutivos posteriores. Déjenme que les cuente algunas de estas magníficas aventuras...
Hubo un tiempo en que el humor popular, clásico, alejado de la pretensión fallida del monologuismo, era visible en teatros y platós de televisión. Eran épocas en las que se hacían chistes y gracietas de casi todo, de esas que hoy solo están permitidas a los travestis (o al menos lo estaban en el momento de escribir estas líneas). Y, a pesar de que no se había institucionalizado la censura moral y lingüística bajo diversos eufemismos (por ejemplo, la "autorregulación" o la "responsabilidad social"), lo cierto es que se ofendía o fingía ofenderse mucho menos que en la actualidad.
Hubo un tiempo en el que en política todas las facciones políticas (a e…

"El nervio óptico", de María Gainza

No acostumbro a reseñar libros que no se hayan editado en los últimos meses, pero con este he decidido hacer una excepción. Lo tenía en casa desde hacía algún tiempo camuflado entre sus primos, al punto de no tenerlo del todo presente. Pero hace unos días, echando un vistazo a las estanterías de la librería "Tipos Infames", con el proceso de elección de mi siguiente lectura corriendo en paralelo por mi mente, me topé con él y con la razón, ya casi olvidada, que me había decidido a comprarlo en "La buena vida". No me negarán que tal cadena de advenimientos providenciales no son como para ser tomados en serio. El nervio óptico es una novela muy peculiar, episódica, en la que el título puede llevar a engaño. La sinopsis pública ya advierte que los vectores de la historia son pintores y, sobre todo, cuadros concretos, pero no se trata en absoluto de una novela visual, ni en lo narrativo ni en lo estilístico. Estas obras son evocaciones sentimentales a las existencias i…

Midsommar, de Ari Aster

Esta película me llamó la atención desde el momento en que la vi anunciada en algún cartel por lo exótico de la temática: por mucho que el márketing de brocha gorda y los entendidillos con blog se empeñen, lo cierto es que hay tan pocas películas de terror relacionadas con cultos paganos que resulta ridículo utilizar el término de folk horror para acomodarla en algún subgénero... O siquiera el definirlo. Lo cierto es que poco más se había hecho hasta ahora que el famoso Hombre de mimbre y su horrorosa versión reciente protagonizada por Nicholas Cage. La gran diferencia entre El hombre de mimbre y Midsommar, que hace además especial esta última, es precisamente el momento en el que fueron producidas: mientras en los años setenta las religiones paganas confederadas a menudo bajo el nombre de Wicca eran algo extraño, percibidas al mismo nivel de excentricidad que las muchas sectas que triunfaban en esa época y la anterior en el intoxicado mundo espiritual hippie, pero muy minoritarias e…

Lanzarote

Un grave defecto que solemos tener los escritores, relacionado con la vanidad, es pensar que cualquier vulgaridad cotidiana que tratemos es interesante por el simple hecho de llevar nuestra firma. Solo por contarlo nosotros. En ese sentido, el tema estrella de los últimos años es la paternidad o el cuidado de familiares dependientes, como si fuese un territorio ignoto y fascinante para el lector medio... Y todo esto empieza, por supuesto, con la literatura de viajes, que en tiempos no tan remotos en los que era peligroso y caro en dinero y tiempo hacer largos desplazamientos, una redacción pasable sobre cualquier lugar más o menos exótico levantaba expectación. El colmo es cuando nos atrevemos a engendrar una obra monográfica con cualquier excusa de este tipo. Una de esas singularidades geográficas cercanas y asequibles es la isla de Lanzarote, llamada Titerroigatra por los escasos habitantes que podría tener una isla sin agua antes de su fusión con la civilización europea occidental…

Cartas de amor

Me sumo con esta entrada a otra que ha colgado muy recientemente la compañera de batallas Lázara Blázquez Noeno en su blog, que por otra parte no puedo dejar de recomendar. Suscribo lo que dice de principio a fin en defensa de la carta de amor, y considero que esta arenga es más necesaria que nunca en los turbios tiempos en que vivimos. No he podido resistirme a abordar este tema, porque llevo muchos años cultivándolo, unas veces en público y otras en privado. Demasiados. Pero siempre por necesidad, mucho antes de haber aprendido a descifrar la vocación vital que siempre ha estado ahí. Y sigo haciéndolo, porque en literatura las cartas de amor son para mí el alfa y el omega, la madre que me parió en esto de las letras, como ya he explicado en un post anterior, y no he podido dejar de incluirlas en mi ópera prima (que a fecha de hoy todavía está en la bodega). Las cartas de amor son, incluso las puramente literarias, un acto sincero y visceral. Quizás por eso estén tan denostadas hoy,…