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Literatura después del coronavirus

Hay mucha gente tratando de imaginar cómo será el mundo después del coronavirus, y de paso, fantaseando también con cambios irreversibles de toda índole que puedan traer oportunidades, de esas que tanto gusta hablar a los redactores de manuales para vagos y pusilánimes. Cinco meses después del comienzo de la crisis, el populacho empieza ya a dividirse entre los que piensan que esto no se va a acabar nunca del todo y los que no terminan de creerse que sea algo real, al amparo algunos divulgadores oportunistas de discurso insolvente y, sobre todo, de la irresponsabilidad en la comunicación gubernamental y privada, que ha ocultado las muertes detrás de la estadística y ha tratado de presentar el confinamiento como el descojonante juego de quedarse en casa unos días haciendo verbena en los balcones, tomándonos a todos por el niño de La vida es bella.  Uno de los temas sobre los que se discute, por supuesto, es la literatura. Los profetas del aspaviento y la charla TED llevan años anunciand…
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Refroma y Contrarreforma

Hubo una época y un lugar en los que trovadores con nombre y apellidos componían cantigas, es decir, poemas destinados a ser cantados. Aunque el rey Alfonso X hizo populares las religiosas, lo cierto es que la eran más comunes las de temática amorosa, clasificada en cantigas de amigo (de una mujer para un hombre) y cantigas de amor (de un hombre para una mujer). Sin embargo existía también una deliciosa temática de escarnio, en la que abundaban composiciones protagonizadas por frailes pichabravas y abadesas doctas, literalmente, en el arte de follar. Era el bajo medievo gallego-portugués, que resultaba no ser tan oscurantista e inquisidor como nos lo habían contado. Para quien no se lo crea, reproduzco aquí algunos fragmentos traducidos de estas simpáticas cancioncillas:
Abadesa, oí decir que erais conocedora de todo bien; y, por amor de Dios, os podáis compadecer  de mí, que me casé huérfano, y bien os juro que no sé más que un asno sobre follar.
A vos, doña abadesa, de mí, Fernando de Esquí…

¿Qué necesita un escritor?

Hace unos cuantos meses me llamó alguien en nombre de lo que yo pensaba que era una editorial, a la que había postulado. Su rol no me quedó muy claro, porque confesaba no haberse leído mi novela ni conocer de ella más que el título, y que el departamento de lectura no le había dado todavía más detalle que el hecho de considerarla apta. Después de intentar hacer gala de sus profundos conocimientos sobre el mundo editorial y sus contactos (siempre desde un prisma puramente empresarial, nunca literario), me preguntó qué es lo que esperaba de ellos, como si de una entrevista de trabajo se tratase. Yo le contesté, creo que siendo bastante realista y razonable; y tras un extraño silencio de unos segundos, seguimos conversando un buen rato sobre lo divino y humano del mundillo hasta que me volvió a formular la misma cuestión, quizás esperando que le diese otra respuesta. Yo volví a expresar lo mismo y fue cuando se atrevió a abordar el tema sin subterfugios, un poco contrariado porque seguro…

Mercadotecnia cultural

Comentaba hace pocos días Ariana Harwicz en las redes sociales cómo demasiado a menudo se trata de segmentar de manera burda el público de una obra cultural, de manera frecuente por cuestiones ideológicas. Es quizás el tercer pilar (o mirada inversa) de un tema que ya hemos tratado de analizar varias veces en este mismo blog, que es la relación entre la creación de la obra y la percepción del público de acuerdo a sus convicciones. El problema raíz de lo que denunciaba Ariana ha infectado todo el arte y quizás el cine ha sido el peor parado de todos. No nos referimos a otra cosa que la subordinación casi absoluta de la cultura a la religión de la mercadotecnia o marketing. Claro que siempre han existido creaciones de consumo que servían para garantizar la viabilidad económica de la industria, pero para ser contrapeso de otras con mayores pretensiones. Desde unos años antes de la crisis de las subprime ya es casi imposible ver grandes producciones en la gran pantalla que no sean revers…

Por qué Iker

Allá por el otoño de 2005 empezaba a emitir Cuatro, una cadena de televisión bastante desconcertante, sobre todo por tardía (Telecinco y Antena 3 llevaban unos quince años ya emitiendo sin apenas competencia), pero también porque los españoles no estábamos acostumbrados a tener canales privados con una línea ideológica tan evidente. Relacionado o no con esto, otro matiz que parecía caracterizarla era tener como público objetivo la población en la franja de edad en la que me encontraba por entonces (poco más de veinte años), por la reposición de espacios como el otrora llamado Pressing catch, los dibujos animados de Oliver y Benji o antiguos programas del hoy punible Humor amarillo. En esos primeros años también se execró en la emisora, es justo decirlo, la peor telebasura de la historia de nuestro país, con espacios de tele realidad morbosa, quizás también con ánimo de generar expectación en jovenzuelos como yo, como reality shows de drogadictos o el escaparate continuo de miseria co…

Coronavirus, religión y postureo

Cada miércoles de ceniza empieza la Cuaresma con la lectura del que, sin duda, es el fragmento del Evangelio que más directamente ataca la práctica del postureo:
Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. (...) Cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por la calle como hacen los hipócritas (...) tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
No por ello el fanfarroneo de la caridad es en nuestros días ajeno a algunos representantes de la Iglesia, sobre todo cuando son estrellas televisivas aprovechando la oportunidad mediática del contraejemplo, e intentan cargar de superioridad y razón sus chapoteos políticos explícitos en temas que no tienen que ver con la moral, esa que, junto con la ayuda al prójimo, debiera ser su única jurisdicción en sermones e iniciativas escudadas en sus votos. Quiso la casualidad que precisamente ese día, el 26 de febrero, se registrase d…

Física cuántica

Desde hace muchos siglos, existe un tipo de sectarismo oportunista, camaleónico y desvergonzado al que no le importan demasiado los rituales y las formas, y convive en armonía con aquel otro convencional y clásico. Se preocupa más bien de pasar desapercibido sin demasiado esfuerzo en parecer una religión aprovechando contextos, modas y mareas. A veces ni siquiera tienen un verdadero y habitual ánimo de lucro, y se conforman con perfundir determinadas ideas en la sociedad. Allá por los siglos I y II de nuestra era, los gnósticos aprovecharon el rebufo del cristianismo para redactar sus famosos e infumables evangelios apócrifos. Pongo evangelio en cursiva porque nunca he llegado a entender que se le dé tal categoría (salvo por puro sensacionalismo) a cualquier texto, en general escrito varios siglos después, que dice narrar algo sobre la vida de Jesús o hechos colaterales de la misma. En el caso de los gnósticos, el trabajo de subterfugio está francamente bien hecho (son los textos más…