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"A contrapelo", de Joris Karl Huysmans

Después de terminar la houllebequiana Sumisión, sentí curiosidad (como seguramente otros muchos) por leer a Joris Karl Huysmans, el autor decadentista francés que saturaba el paisaje de fondo de la novela (el narrador/protagonista ‎era un profesor universitario especializado en su obra). Pude comprobar entonces hasta qué punto era desconocido en España y que sus novelas no eran especialmente fáciles de encontrar en nuestro idioma, aun rebuscando bien por la red. Me di por vencido en su momento, pero hace pocos meses encontré de casualidad A contrapelo (su presumible obra cumbre) en una sencilla edición de Cátedra, mirando un muestrario giratorio a través del escaparate de la librería Tipos Infames de Madrid. A contrapelo es el paradigma de obra que hoy ninguna editorial aceptaría publicar por demasiado intelectualista y poco fluida. Sin un gran desarrollo narrativo, desgrana la huída de un joven noble venido a menos de una sociedad en decadencia que aborrece, para construir un pequeño…
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Ser un poco más egoísta

A finales de noviembre del año pasado se celebraron en la Universidad Complutense de Madrid unas extrañas jornadas de diálogo interreligioso organizadas por la AJICR (Asociación de jóvenes investigadores en Ciencias de las religiones), que generaron una cierta polémica por tratar la religión  satánica. No había en realidad motivo para trapisonda, porque la asociación satanista invitada como ponente era, en realidad, un simple club de hedonistas en busca de dignidad en forma de reconocimiento público y, probablemente, subvenciones, que insiste en el carácter ateo o agnóstico de su movimiento; y en tres largas entrevistas en la prensa no son capaces de explicar por qué se consideran una religión cuando afirman que para ellos Satanás no es una divinidad, sino un simple referente literario y filosófico. Sus trasfondos intelectuales resultan bastante limitados y reduccionistas, al omitir figuras fundamentales (e incómodas) como Aleister Crowley, negar el ritualismo de Lavey, y manipular l…

Sentimientos desechables

Hace pocos días, entrando en una estación de metro de un barrio no precisamente sofisticado, pude ver un cartel en el que la Comunidad de Madrid anunciaba un servicio para ayudar en los trámites y el proceso a los matrimonios que pretendan separarse en la región. La cuestión no tendría mayor importancia si no fuese porque se ofrecía con las mismas formas en las que se vende cualquier producto comercial, como cuando alguna marca trata de persuadirnos con ánimo de lucro para que vendamos el coche, cambiemos nuestros hábitos alimenticios o convencernos de que vivimos en una sociedad peligrosísima y necesitamos una alarma... Es decir, para que cambiemos nuestra forma de vida. No he visto nunca, sin embargo, a administración alguna gastando dinero en publicitar recursos públicos de apoyo psicológico o terapia a familias o parejas con problemas, quizás porque esos servicios no existan. Se trata, ni más ni menos, de la implementación en el terreno psicosocial (con el dinero de todos) de los…

"Solenoide", de Mircea Cartarescu

No me gusta, en general, reseñar grandes obras, porque me parece un ejercicio redundante e impropio de una bitácora tan minoritaria como la mía. Pero cuando terminé Solenoide y me puse a buscar comentarios ajenos, la gran mayoría de lo que encontré eran superficialidades de compromiso, reproducciones de la nota de la editorial Impedimenta a propósito de la obra, o incluso gilipollecitas de gente que muy probablemente ni se la ha leído (me he topado, incluso, con quien le dedicaba un artículo confesando no haberse leído más que la cuarta parte). Para colmo, en una reciente lista confeccionada para Babelia (el suplemento cultural de El País), en la que supuestamente se ordenaban "los mejores libros del siglo XXI", Solenoide no aparecía... Y sí obras de los propios intelectuales que votaban (lo que me parece de muy mal gusto), amén de estrellas de la cultura pop en lo más alto, como el cómic Persépolis, de Marjane Satrapi o el inefable best seller Sapiens. De hecho, creo que e…

Ficción al servicio de la realidad

Hace unas semanas, durante el Festival EÑE en Madrid, acudí a una charla titulada Novelas contra la imaginación, en la que los escritores Miguel Ángel Hernández Navarro, Adolfo García Ortega y David Toscana debatían acerca de la realidad estricta plasmada en novela en contraposición con la ficción pura. Es un tema morboso que nunca pasa del todo de moda, pero en los últimos años ha dado mucho de que hablar con la polémica saga autobiográfica de Karl Ove Knausgard, donde novela "Su lucha" personal a partir de su divorcio hasta llegar casi a dinamitar, por desclasificación de intimidades demasiado recientes, su vida personal por completo. No se discute tanto sobre el movimiento ontológico inverso, a pesar de haber sido mucho más importante y de uso extensivo a lo largo de la historia, quizás por vergüenza torera. Y es que muy a menudo la ficción ha servido para explicar la realidad (o una parte de ella), sobre todo cuando faltan piezas en el puzle. El ejemplo que me gusta pon…

Puritanismo progre

Me sorprendió bastante ver entre los trending topic de Twitter las menciones al grupo musical Def Con Dos, pero más todavía que casi todos los comentarios eran críticas al tema que estaban promocionando. Todo giraba acerca del estribillo:
No hay nada más falso y que más estorbe que el nuevo puritanismo progre
Me puse a pensar entonces que quizás la mayoría de la gente que echaba espuma por la boca pensaba que Def Con Dos era un grupo pop español al uso, de los "de la ceja" zapateril, a los que, por tanto, les tocaba como misión el difundir en su estilo los mensajes del Imperio, provocando pero bajo control. Pueden ser mucho más comerciales que otros, sí, y famosos casi de casualidad por hacer bandas sonoras para Álex de la Iglesia, pero no dejan de ser un grupo punk... Y hay que ser muy idiota para pensar que el punk tiene que criticar unas cosas sí, pero otras no. Que no está, básicamente, para tocar los cojones al mundo. Añado, por cierto, que Def Con Dos todavía tienen frase…

"El Crack cero", de José Luis Garci

Reconozco que en este caso, una pifia de Google hizo que estuviese a punto de no ir a ver la película, ya de por sí escondida y ninguneada en las carteleras por la aversión que le tiene el mundo cultural español al director. La razón fue que en la búsqueda aparecía en primer lugar en el reparto Miguel Ángel Muñoz. No es que tenga nada contra él, pero convendrán conmigo que tiene un perfil y una planta tan diferentes a los de Alfredo Landa (para quien no lo sepa, protagonista de la película original de la saga), que resultaba casi insultante y llegué a pensar que a Garci se le había ido completamente la cabeza. Afortunadamente, la película seguía en los dos mismos y heróicos cines de Madrid la semana siguiente, me picó de nuevo la curiosidad, y pude constatar que el actor que encarnaba a Germán Areta era Carlos Santos, al que recordaba a bote pronto como Povedilla en Los hombres de Paco y algún otro papel cómico. Esto me enamoró de inmediato, porque suponía exactamente el mismo reto d…