Estimado jurado: Como participante y después de una semana de cortesía esperando rectificaciones o una salida razonable a la resolución, he decidido escribirles la presente para hacerles llegar algunas consideraciones. Por lo demás, a la hora que escribo estas líneas, en la plataforma MundoArti (donde todos nos inscribirnos para concursar) todavía figura pendiente de resultados, no sé si porque el programador de turno no previó la posibilidad de que un premio no se otorgue, o si los responsables están pendientes del algún conciliábulo. Les ruego se hagan cargo de que no somos imbéciles, sabemos en qué plazas toreamos. Quienes llevamos un cierto tiempo en esto concurrimos a certámenes comerciales sin objeto de ganar, más bien es la única manera de que el manuscrito sea leído por la editorial que nos interesa... y sobre eso volveré luego. Los organizados por administraciones públicas no tienen ese interés aledaño, pero en algunos de ellos (entre los que se contaba este) parec...
Con Matate, Amor, que pronto veremos adaptada al cine por orden de Martin Scorsesse, Ariana Harwicz experimentaba por primera vez su arquetipo de madre esencial y exógena perdida en el rural francés, logrando su especimen más salvaje y particular, una especie de bestia enjaulada lejos de su hábitat. Con el tiempo, y gracias a la generosidad de la autora al divulgarlo, hemos descubierto que la obra también tiene innumerables interpretaciones teatrales en varios países con forma de monólogo, tal es el desparpajo de la narradora y lo estanco de su cosmogonía. La primera vez que leí Matate, Amor (sin tilde, pues es fundamental el contraste de lo porteño con lo continental supramediterráneo), no entendí bien eso de la Trilogía de la Pasión para titular el tomo con el que Anagrama editó la obra en España junto con La débil mental y Precoz. En perspectiva con el resto de la obra, tal vez fuese la pieza que me faltaba: sigo sosteniendo que el eje de la Harwicz son las relac...