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¿Qué necesita un escritor?


Hace unos cuantos meses me llamó alguien en nombre de lo que yo pensaba que era una editorial, a la que había postulado. Su rol no me quedó muy claro, porque confesaba no haberse leído mi novela ni conocer de ella más que el título, y que el departamento de lectura no le había dado todavía más detalle que el hecho de considerarla apta. Después de intentar hacer gala de sus profundos conocimientos sobre el mundo editorial y sus contactos (siempre desde un prisma puramente empresarial, nunca literario), me preguntó qué es lo que esperaba de ellos, como si de una entrevista de trabajo se tratase. Yo le contesté, creo que siendo bastante realista y razonable; y tras un extraño silencio de unos segundos, seguimos conversando un buen rato sobre lo divino y humano del mundillo hasta que me volvió a formular la misma cuestión, quizás esperando que le diese otra respuesta. Yo volví a expresar lo mismo y fue cuando se atrevió a abordar el tema sin subterfugios, un poco contrariado porque seguro esperaba que me conformase y entusiasmase con lo que iba a ofrecerme, que no lo cubría.
El gran problema que ha tenido desde siempre editar obras arriesgadas o de autores desconocidos, convirtiéndolo en un negocio a veces ruinoso, es jugarse el dinero que supone una tirada de libros de un tamaño suficiente para que pueda ser colocado en las librerías para que demasiado a menudo no se termine vendiendo. Sin embargo, desde hace algunos años, la tecnología permite hacer ya tiradas muy cortas o incluso impresión bajo demanda en tapa blanda a precios asequibles y con calidad razonable. Esto ha hecho surgir nuevos modelos de negocio que ofrecen este servicio a escritores interesados, de modo que puedan autoeditar su obra sin arriesgar un euro en la venta on line en cualquiera de las plataformas populares, y conseguir a precio de coste el número acotado de ejemplares que crean necesitar para presentaciones o las pocas librerías que aceptan vender libros independientes.
Por otra parte, un autor novel debería ser capaz de corregir en gran medida su propia obra en cuanto a ortografía, gramática y estilo, porque lo mínimo que se presume a un escritor es que sea capaz de tener una buena redacción y conocimiento razonable de las normas de su propia lengua. Además, con un mínimo esfuerzo y sin otras opciones, puede llegar a hacer una maquetación de mínimos de cara a la impresión. Y si no es capaz de hacer ninguna de estas cosas o no le apetece, hay muchos profesionales independientes o empresas de servicios a los que encargar este trabajo y también un buen diseño de portada.
Todo ello ha hecho surgir empresas que dicen dar una oportunidad o apostar por autores nuevos encapsulando lo anterior, ofreciendo las mismas regalías (o poco mayores) que una editorial convencional, pero sin incurrir en ningún tipo de gastos por intermediario (dado que  no trabajan con distribuidores ni librerías) y, por supuesto, sin prestar servicio alguno de corrección o maquetación, con la excusa de poder sacar los libros al mercado a un precio más competitivo. Así, el negocio no está en vender muchos ejemplares de unos pocos libros (en los que el margen de beneficio es menor), sino en vender con mayor beneficio unos pocos ejemplares de muchos libros. No espere por tanto el lector un gran criterio de calidad, ni algo diferente al mercado de autoedición, porque el empresario estará dispuesto a vender casi cualquier manuscrito que le llegue. Todo estafando al autor, sin que demasiadas veces sea consciente de ello. Otra variante son las empresas que afirman trabajar con una distribuidora, pero solo a efectos de figurar en su catálogo, por lo que jamás verá uno de sus libros en las estanterías de una gran superficie o librería, y solo llegará a ellas por encargo. En este caso sí se ofrecen al escritor unos servicios básicos de corrección, edición y portada, que él mismo se encargará de abonar comprometiéndose a comprar todos lo ejemplares que no se vendan en la presentación de la obra, que por otra parte, serán los únicos que la empresa no imprima individualmente bajo demanda, si es que ésta se da. De nuevo, negocio redondo, porque el supuesto benefactor magnánimo mecenas que se ofrece a editar su libro no arriesgará ni uno solo euro por él. A quien crea que estos negocios son verdaderas editoriales le propongo una prueba simple: toda editorial constituida como tal está obligada a hacer un depósito legal de algunos ejemplares con el objeto de ser custodiados por la Biblioteca Nacional de España, así que pruébese a buscar cualquier obra de estas supuestas editoriales en su catálogo y verá que no encuentra ninguna. Esto es algo importante que pocos autores saben: cualquier libro publicado de manera independiente o por alguno de estos negocios que se dicen editoriales sin serlo, no tiene la posibilidad de formar parte del catálogo de la BNE ni quedará constancia histórica oficial de su existencia.
Dicho esto, queda bastante claro que la respuesta a la pregunta que da título a esta entrada en este contexto sería "una editorial". Pero una editorial de verdad. Evidentemente, existen de muchos tamaños, temáticas, géneros, ámbitos, independientes o ligadas a grupos empresariales, pero todas ofrecen al menos dos cosas que un autor necesita y no puede conseguir por su cuenta ni pagando. En primer lugar, producirá una edición, aunque sea muy pequeña, que distribuirá al menos en un puñado de librerías o superficies, que es donde esperan encontrarse los libros y constituyen una de las grandes referencias para el criterio de compra de los lectores habituales. La otra referencia importante es la crítica, las secciones culturales y las revistas especializadas de todos los tamaños, que es la principal y más importante visibilidad que un autor necesita, algo a lo que solo tienen acceso las editoriales, por pequeñas que sean, porque ellas sí invierten también en comunicación. No, la matraca individual o gregaria en redes sociales no es una promoción adecuada ni efectiva, porque sus mensajes solo llegan a gente como usted, que lucha por ganar popularidad como escritor, no al público lector real al que aspira. Y las pocas ventas que haga, no se engañe, serán sobre todo por compromiso o solidaridad, pero siempre dentro del que usted forma parte.
Claro que publicar en una editorial es muy difícil. Mucho más de lo que pudiese parecer. Pero las razones no son las que explican interesadamente los comerciales que representan a los negocios que he descrito más arriba o las empresas que ofrecen servicios de autopublicación (inaccesibilidad, prepotencia, supresión de departamentos de lectura...), ni tampoco las que esgrimen muchos autores independientes de literatura de consumo que aspiran a ser best sellers (las editoriales solo tienen criterio comercial y por eso solo publican a famosos). El lector se sorprendería a ver la cantidad de personajes públicos populares, incluso escritores con éxito en el pasado, seguro que con más contactos en el mundillo que usted y yo, que tienen que recurrir a editoriales minúsculas o recurrir a las pseudo editoriales para poder publicar. Piense que una editorial mediana (y la mayoría de las que pertenecen a los grandes grupos) se puede permitir en su programación unos cien libros al año (y este número decrece con el tamaño de la misma hasta llegar a pocas decenas), y evidentemente procura la continuidad de los autores con los que trabaja, por lo que el hueco para nuevas voces es muy pequeño. No hay que olvidar, además, que hablamos de España, donde se venden pocos libros, lo que hace imposible sacar demasiados títulos. Aquí vuelvo a proponerles una nueva prueba objetiva: busquen la cuantía del premio literario de una editorial cualquiera, teniendo siempre en mente que se trata de un adelanto de regalías por las ventas, y calculen que de cada libro vendido al autor le corresponderían unos dos euros. No tienen más que dividir y les saldrá el número de ejemplares que se esperan vender para una obra con promoción y visibilidad privilegiadas, que en el peor de los casos triplicará fácilmente la media de lo que venda otra novedad de la misma casa. Verá que salen cifras decepcionantes para un profano acostumbrado a ver muchos ceros en las fajas promocionales.
¿Qué propongo yo? Sin duda, dos opciones: luchar el tiempo que sea necesario para publicar con una verdadera editorial, trabajo largo, extenuante y que a menudo no da ningún fruto; o bien autopublicar de una manera seria y responsable. No vale la pena firmar un contrato con alguien que solo te ofrecerá, de manera muy limitada, algo que puedes hacer tú mismo.

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