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Crítica: Blade Runner 2049


He de reconcer que desde que Hollywood decidió dejar de innovar para adentrarse en esa deriva nihilista en la que lleva ya unos cuantos años de versionados y secuelas innecesarios en masa, el anuncio de que iban a hacerlo también con Blade Runner me aterró especialmente. Al fin y al cabo, es un clásico contemporáneo y la obra cumbre de su género, ¿no sería mejor dejarlo así? ¿Podría salir algo con sentido de este experimento?
Para mi sorpresa y, dado que las expectativas que tenía no eran demasiado altas, el resultado es bastante bueno. A pesar de que las cuestiones fundamentales en cuanto al conflicto entre humanos y creaciones biológicas muy perfeccionadas (llamados replicantes) que pueden llegar a confundirse con ellos ya habían sido expuestas magistralmente en la primera película, en Blade Runner 2049 se consigue dar una vuelta de tuerca más añadiendo un nuevo tipo de replicantes especialmente diseñados para que no puedan rebelarse, de modo que están integrados en la sociedad humana incluso en trabajos comunes y delicados... El mismo K (protagonista, interpretado por Ryan Gosling) es un replicante que trabaja para el departamento de policía de Los Ángeles como blade runner, es decir, como ejecutor de replicantes rebeldes (en este caso, los pocos replicantes "antiguos", fuera de fabricación, que dieron origen al problema). De este modo, se presenta un tipo de sociedad peculiar en la que los humanos naturales y artificiales están al mismo nivel (los replicantes ya no son necesariamente mano de obra "esclava" al servicio de los humanos) y se confunden entre ellos, algo muy poco común en la ficción futurista en la que se retratan las relaciones entre personas y robots/creaturas. Quizás por la inercia de las famosas leyes propuestas por Asimov, que pesan tanto en las historias futuristas como el uso de enanos, elfos, orcos y trolls en las de fantasía. 
Se introducen también en escena otro tipo de creaciones, más etéreas, que son inteligencias artificiales doméstica no biológicas que se representan a través de hologramas para simular su presencia real. Estas "entidades" sí tienen la única función de servir y adaptarse a su amo, pero igualmente llegan a tomar decisiones, acumulan experiencias y recuerdos, e incluso desarrollan sentimientos, de modo que cada instancia de estos productos comerciales se convierte en única con el paso del tiempo.
Como último ingrediente interesante y creativo al cóctel del contexto de la ficción y la historia, se plantean problemas tecnológicos (hoy en día perfectamente imaginables e incluso plausibles) como el impacto catastrófico global que supondría una indisponibilidad prolongada o pérdida de los datos almacenados en soporte digital. Uno de los personajes, sobre este punto, espeta con ironía que "curiosamente, se salvó todo lo que estaba en papel".
Con todos estos elementos, el hilo principal de la película es la búsqueda del que sería el primer replicante nacido y no creado. Los fabricantes de los nuevos replicantes no han conseguido esa característica en sus "productos" y se desconocía (hasta que se descubre por accidente) que algún individuo de los antiguos estaba preparado para engendrar. Esto plantea en el blade runner K, encargado de buscarlo y ejecutarlo para evitar su conocimiento y posible conflicto, el dilema de si se trata de un individuo diferente a los que le ha tocado "retirar" hasta el momento. Esta búsqueda le lleva a cuestionarse quién es él en realidad, a pesar de su condición de "no humano". A la búsqueda, en paralelo, se suma el director de la corporación que hace los nuevos replicantes, que quiere utilizar este avance para dominar al mundo con su "especie" a su servicio.
Hasta aquí, todo correcto. Son las piezas que componen excelentemente la primera parte de la obra, a lo que hay que añadir un respeto absoluto por la ambientación cyberpunk, la estética, la fotografía e incluso la banda sonora de la película original (amén de unos efectos especiales a la altura de las circunstancias). El problema viene en el desarrollo y el desenlace: El relato de la búsqueda es innecesariamente lento, largo y aburrido, sin aportar apenas nada interesante. Al contrario, está lleno de incongruencias, con la añadidura de la creación de una especie de "ejército" de replicantes del modelo rebelde antiguo a modo de resistencia... Y la imposición, ya como productor, de Ridley Scott de "su verdad" sobre la naturaleza de Deckard (el blade runner que protagonizaba la primera entrega de la saga, interpretado por Harrison Ford), que sería la de replicante y no humano (como se reflejó en la versión original de cine y que el director se empeñó en cambiar en las sucesivas versiones posteriores que fue sacando a la venta en DVD, a pesar de que con ello perdiese mucho de su sentido y romanticismo iniciales). Todo, sin duda, para facilitar la producción de una tercera entrega en la que ya será muy difícil introducir elementos interesantes más allá de una película de acción más o menos bien hecha.
No estoy seguro si el nombre de K pretende evocar a los personajes de Kafka en El Proceso o El Castillo. A mí, personalmente, no me recuerda especialmente a ellos. Tampoco la interpretación de Gosling es especialmente salientable (como lo había sido la de Harrison Ford en la original, sin duda la mejor de su carrera), pero sí lo son las de los personajes femeninos principales, que en parte reflejan que por fin Hollywood está aprendiendo a escoger actrices apropiadas para papeles de caracter duro o de acción, más allá de enseñar a dar patadas artificiosas o hacer sobreactuar a actrices atractivas de moda.
Decir también que la inteligencia artificial doméstica, con todo el partido que potencialmente se le podría haber sacado, se convierte en un mero elemento para hacer una caricatura proyectada al futuro (y, por tanto, eterna) del hombre, incluso más allá de su naturaleza y de lo que espera y necesita de una mujer: se trata de un producto exclusiamente "de sexo femenino" dirigido a hombres, como una especie de mujer virtual que le hace las tareas domésticas, le proporciona erotismo privado y puede ser ignorada e invocada a placer. Hay dos escenas que lo expresan de manera muy evidente: en la introducción del personaje, la mujer-holograma aparece vestida primero como ama de casa de los años setenta, con delantal y todo, para luego ponerse un vestido sexy para su "hombre" (en este caso K, que a pesar de ser replicante, parece que por ser de sexo masculino puede estar interesado en este tipo de productos). Y justo después, el holograma queda "congelado" en la postura de darle un beso a K mientras él la ignora para responder a una llamada de trabajo. Para colmo, la mujer-holograma llega a desarrollar unos sentimientos hacia K que llegan hacia el extremo y no son correspondidos más que superficialmente. Este tipo de elementos a los que ya nos hemos acostumbrado en Europa, han empezado a entrar con fuerza desde hace un par de años en el cine americano. El tema daría para una entrada completa.
En resumen, para ser justos hay que decir que la película es, en conjunto, de buena factura, interesante, entretenida y completamente recomendable (sobre todo si no se cae en la tentación de compararla con su predecesora).

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