La convergencia del uso popular de la Inteligencia Artificial (IA) con el grave déficit de conocimiento sobre su desempeño real ha llenado de maestrociruelas surtidos el universo digital, pero sobre todo ha aflorado muchas creencias infundadas sobre estos sistemas mistéricos, atribuyéndoseles capacidades entre prometeicas y sobrenaturales: se les presume casi humanos, pues en su rumbosa habilidad para la verborrea se apetecen sentimientos; y al mismo tiempo oráculos capaces de sentenciar con autoridad infalible sobre cualquier asunto que se les plantee. Incluso profesores universitarios vestidos y calzados dan ya por alcanzada la singularidad, el presunto adelantamiento a la inteligencia humana, cabalgando el entusiasmo infantil (y quien sabe si la cartera llena) en lugar de la evidencia objetiva. Gran parte de la población digitalizada usa ya la IA generativa como terapeuta, camarero sujetavelas, médico de cabecera, mentor y lo que se tercie.
En este punto, haré mi humilde aportación tratando de explicar de manera asequible pero realista el funcionamiento general de una IA generativa, sin que el lector tenga que hacer un acto de fe. Me centraré en este caso en los modelos de lenguaje, los de uso mayoritario. No pretendo, ni tendría sentido, ser preciso ni exhaustivo, puesto que existen algunas diferencias entre cada modelo comercial, pero sí podremos describir el común funcionamiento general común… algo que, por lo demás, no he encontrado en inglés ni el castellano siquiera a nivel técnico.