Ir al contenido principal

"El nervio óptico", de María Gainza



No acostumbro a reseñar libros que no se hayan editado en los últimos meses, pero con este he decidido hacer una excepción. Lo tenía en casa desde hacía algún tiempo camuflado entre sus primos, al punto de no tenerlo del todo presente. Pero hace unos días, echando un vistazo a las estanterías de la librería "Tipos Infames", con el proceso de elección de mi siguiente lectura corriendo en paralelo por mi mente, me topé con él y con la razón, ya casi olvidada, que me había decidido a comprarlo en "La buena vida". No me negarán que tal cadena de advenimientos providenciales no son como para ser tomados en serio.
El nervio óptico es una novela muy peculiar, episódica, en la que el título puede llevar a engaño. La sinopsis pública ya advierte que los vectores de la historia son pintores y, sobre todo, cuadros concretos, pero no se trata en absoluto de una novela visual, ni en lo narrativo ni en lo estilístico. Estas obras son evocaciones sentimentales a las existencias inevitablemente dramáticas de los autores, que la autora pone en común con la narradora o su compleja y grotesca constelación familiar. Hablamos, por tanto, de una novela intimista en varias dimensiones, que hace girar de continuo la ruleta de las motivaciones, incomprensiones y sobre todo miserias de la vida de un artista... Y profesiones aledañas, como la de la propia narradora, que a menudo parece solaparse con la vida de la propia novelista, con la que comparte incluso el nombre. Todo viene acompañado de una buena guarnición de costumbrismo realista, tan del gusto de los autores latinoamericanos, lleno de referencias satíricas a los complejos de del cono sur. De este modo que la historia de su familia es a menudo una alegoría del devenir histórico reciente de Argentina.
He hablado antes de una narradora, pero la novela a veces usa también una voz narrativa en segunda persona, poco común pero especialmente útil para la introspección. La prosa de Gainza es agradabale y muy bien equilibrada, de inspiración clásica. Me agrada por encima de todo su estilo desacomplejado de expresión, que conserva esa hoy tan cuestionado (pero tan fundamental) oficio del historiógrafo de respetar y comprender el contexto dentro de sí;  y también su capacidad de imprimir pasión en las historias sencillas sobre las que se va apalancando la obra. 
Podemos ver en conjunto a El nervio óptico como un experimento muy logrado a base de barajar evocaciones y lenguajes diferentes, con un resultado delicioso y pinturero.

Comentarios

Entradas populares de este blog

La culpa

Parece que después del comentario sobre Pororoca , me toca de nuevo hablar sobre la culpa. El otro día leía en un periódico que Angela Merkel daba por fracasada la política migratoria de la UE, porque consideraba que solo Alemania se mostraba flexible para acoger a algunos de los inmigrantes que se hacinan en las islas griegas más próximas a África. Hacía, a este respecto y no sin cierta razón, una referencia más o menos velada a las cuestiones religiosas, como corresponde a un partido democristiano como el CDU. Sin embargo, me resultaba sorprendente la perspectiva caritativa, disparada sin duda por la culpabilidad interna, algo típicamente católico: aunque su mentor Kohl sí lo era, Merkel es luterana. Debemos recordar que, en general, los protestantes ven a Dios como una especie de titiritero que no solo permite sino que origina todo lo que ocurre en el mundo, de modo que conciben la pobreza como una maldición y la riqueza como todo lo contrario, ambas de alguna manera merecidas a oj

Nuevo artículo en la revista Rincón Bravío: "Eurovisión: no, no todo es política"

Hace cien años, Joris Karl Huysmans escribía en su novela   A Contrapelo  lo siguiente: "Al mismo se dio cuenta de que los librepensadores, los doctrinarios de la burguesía, esa gente que exigía todo tipo de libertades para poder aplastar las opiniones de los demás, no eran más que unos ávidos y desvergonzados puritanos, cuyo nivel de educación le parecía inferior al de cualquier zapatero." Esta bravuconada no necesita más actualización que la de los términos contextuales e ilustra a la perfección la realidad reciente, mucho más allá de los divertidos devenires del pasado fin de semana. Como el cáncer de politizarlo todo ha metastatizado sus repugnantes raíces por todas partes, debemos desgranar el asunto poco a poco para no empacharnos... Sigue leyendo

"Last blood" o el funeral del justiciero

No suelo hacer entradas en el blog sobre películas de este tipo. Last blood es muy, muy floja, sin mucho que salvar, emborronada sobre todo por esa puñetera manía que tiene Stallone de intentar hacer, siempre que tiene la oportunidad , lo que no ha aprendido en casi cincuenta años de carrera: interpretar. Al igual que Schwarzenegger, solo es capaz de actuaciones convicentes cuando habla poco y hace su único personaje. Para colmo, podemos decir que durante demasiados minutos no vemos a Rambo, sino a un tipo que se llama como él, al que se le ha olvidado todo su oficio, toda su capacidad táctica; y no se distingue demasiado en sus quehaceres y recursos de un preparacionista novato de la América profunda. Con el párrafo anterior tendríamos suficiente (o incluso demasiado) para hablar de esta producción, y podríamos dejarlo ahí porque no da para mucho más, señalando la curiosidad de que la mitad del reparto son españoles haciendo el papel de mejicanos. Pero Last blood es mucho más