Ir al contenido principal

"Lectura fácil", de Cristina Morales


Desconozco los datos de ventas, pero es seguro que son importantes, porque en su presentación en Madrid como ganadora del Premio Herralde de Novela 2018 hemos ido a la sala de eventos de la Fundación Telefónica. En la edición del año anterior estuvimos mucho más recogidos y desapercibidos, pero igualmente bien tratados en la planta primera de la icónica librería "La Buena Vida" para ver a Andrés Barba hablar de "República luminosa".
La obra es la historia, plasmada en diversos géneros y formatos, de cuatro primas (Ángeles, Patri, Marga y Nati) con diferentes minusvalías psíquicas, sin apenas apoyos familiares, que viven en un piso tutelado de Barcelona. Cada una de ellas representa un rol y un punto de vista diferentes sobre el lugar que debe ocupar en el mundo el clan. Con este punto de partida, la narración es una excusa para profundizar sobre la posición forzosamente pasiva de los discapacitados en la sociedad, la danza como expresión liberadora a todos los niveles y, sobre todo, el anarco-feminismo.
A pesar de ser una obra coral, la verdadera protagonista es Nati. Ella es la bailarina y la que da el recubrimiento político teórico a lo largo de toda la historia. Es, además, el personaje más coherente, porque su minusvalía ficticia le sobrevino ya estudiada... Y solo le afecta a modo de cerrazón mental en según qué circunstancias, como una especie de licantropía sin perder la lucidez intelectual. Nati es, por tanto, la proyección fantasiosa que a todo radical político le gustaría encarnar y un bastión perfecto para que la autora pueda esplayarse y subir la apuesta todo lo que sea necesario. Tanto es así que, en cualquier conversación con mínimo trasfondo político, Nati está presente, aunque sea poseyendo a otro personaje.
Lo primero que hay que comentar es que se trata de una novela arriesgada, lo que supone un mérito en sí mismo. Podría verse como un ejercicio claramente faulkneriano (ni la misma autora no niega), pero monopolizado por Vardamanes y Benjis, estos personajes con diversas discapacidades intelectuales que tanto fascinaban al autor estadounidense, narrando su historia siempre en primera persona. La diferencia está en que Faulkner los retrató de manera intencionada y magistralmente realista (toda una proeza para la época), y Morales trató de darles a sus personajes una trascendencia, una dicción y una profundidad reflexiva, en algunos casos, que supera de largo lo que podría esperarse de ellas (o incluso a veces lo razonable), todo en aras de tratar de dar empaque a las reivindicaciones que en la obra se reflejan respecto al derecho de autodeterminación del colectivo al que representan. La autora juega constantemente a relativizar en qué consiste realmente la verdadera "incapacidad". Llega a darse la paradoja de que, por expresarse únicamente a lo largo de la obra mediante una novela escrita con el método de "lectura fácil", el personaje de Ángeles aparenta tener unos problemas cognitivos mayores que los de sus comadres, a pesar de ser la que tiene un grado de discapacidad intelectual más bajo de las cuatro. Nati, por su parte, siendo la que aparentemente tiene más autonomía y recursos de todas, es sin embargo la que tiene otorgado el grado de discapacidad más alta por el extremismo de su "síndrome de las compuertas".‎
Otro aspecto destacable de "Lectura fácil" es su capacidad de crítica. Su virtud no es tanto que critique "mucho" y "a todo el mundo" (cualquiera que se haya asomado mínimamente a la política panfletaria sabe que es un mercadillo del extremismo como pose), porque ni es así ni tiene que serlo. No hay nada peor que un autor con pretensiones queriendo aparentar ser política o ideológicamente neutral o complaciente. El verdadero logro es que la autora consigue hacer una crítica, desde su perspectiva, honesta y con personalidad, de alta precisión y con el calibre adecuado: Lo valiente no es criticar la guerra en el escenario del universalmente denostado Vietnam, sino desde la sacrosanta Segunda Guerra Mundial, como hizo Spielberg. Sirva como ejemplo que Cristina Morales se despacha a gusto en 424 páginas sin plasmar ningún atisbo de crítica a la Iglesia Católica (más allá de algún tímido intento de provocación) a pesar de tener ocasiones y razones de sobra para hacerlo, algo inimaginable en un libro de estas características escrito en España.  Es, por tanto, también en este sentido una obra osada y valorable... Y, lamentablemente, lo hubiese sido mucho más de ser publicada otro año y en otro contexto.
Por último hay que hablar del humor, que se reparte con profusión a lo largo de toda la obra a través de la sátira del propio entorno "libertario" de Barcelona. De manera más fina y tierna con las cotidianidades de las protagonistas y su manera de contarlas, sin tener que acudir a trampas sensibleras o despertar más lástima que simpatía con ellas.
Creo que se trata de un libro muy curioso, de un nivel literario notable, apto para cualquier buen lector de buen diente.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Libros perdidos en el océano

En la última Feria del libro de Madrid me topé en una de las casetas con una autora que me sonaba de haberla visto por Twitter, y así se lo hice saber. No recordaba su nombre, pero sí que solía escribir novela romántica, aunque esta vez firmaba algo de intriga. No era una escritora popular, más bien de las que suelen autodenominarse "independientes" porque, aunque no autopublicaba, trabajaba con una editorial pequeña que funciona de una manera similar, imprimiendo en físico bajo demanda y con escasa o nula distribución en librerías, por lo que le tocaría la mayor parte del trabajo de promoción de sus obras. En un primer momento la obra que estaba vendiendo no me resultaba interesante, pero a la vuelta de mi paseo decidí comprarla, a pesar de que la promotora apenas me lanzaba en ráfagas ininteligibles la descripción de la misma, supuse entonces que hastiada de todo el día haciendo lo mismo. Cuando me volví a casa, comprobé que esta mujer también me seguía a mí antes de que …

Tabarnia

Hace unos años, en lo más duro de la crisis económica, grupos de extrema derecha (o como quiera llamársele) decidieron ocupar en el barrio madrileño de Tetuán  un edificio con la excusa de establecer en él un lugar para cobijar a españoles desfavorecidos, sin hacer demasiado ruido. Creo que todo empezó como una especie de mofa hacia los okupas "clásicos", pues nunca estos grupos habían hecho algo semejante. Al poco tiempo, los del otro extremo del árbol ideológico empezaron a incendiar las calles y las redes sociales con mensajes,  carteles y panfletos de rechazo al llamado "Hogar Social Madrid", porque se había apropiado de su discurso y, además, había conseguido venderlo ante mucha gente como una acción positiva, frente al halo de caradurismo y rebeldía que el tipo de ocupación de sus acólitos emanaba desde siempre ante la sociedad.
Más cerca en el tiempo todavía, ‎media España se indignaba con la subida al poder de Donald Trump, no tanto por cuestiones ideológi…

Bendita Gurtel

No, no me he equivocado al titular esta entrada. Considero que, a nivel político, la Trama Gurtel es lo mejor que le ha pasado a este país en los últimos veinte años. ¿No se lo creen? Cuando el PSOE se desangraba sin remedio en lo peor de la crisis, a Zapatero se le ocurrió la cándida idea de levantar y azuzar las vergüenzas del PP valenciano pensando que traicionar la omertá de la corrupción transversal de las administraciones públicas tendría consecuencias electorales sólo para sus adversarios. Evidentemente me se equivocaba. Lo que él pensaba que sería un genial disparo de la última bala que le quedaba resultó en terminar muerto en su propia tumba con el revólver encasquillado: Pronto le devolvieron el golpe aireando lo que se venía haciendo con el dinero destinado a los parados andaluces. Y esto fue sólo el comienzo de una espiral de "y tú más" en todos los niveles (con preferencia de los ayuntamientos, los estamentos más hediondos) a dos trincheras. En un primer momento…