Ir al contenido principal

Lecturas juveniles


Vemos repetidas por todas partes las supuestas razones por las que los niños o los jóvenes no leen o pierden pronto el interés por la lectura. Normalmente suele alegarse que se les presenta la lectura como una especie de obligación, y que se les ofrecen libros no acordes a su edad como principales razones del fracaso... ¡Como se hacía antiguamente! (Lo añado yo, pero estos argumentistas lo secundan en silencio seguro).
Es un tema complejo que habría que abordar por partes. Primero voy a tratar de contar mi experiencia, pues en mi infancia y adolescencia ya se decían cosas parecidas. En esta etapa educativa, los profesores intentaban fomentar el hábito en nosotros con lecturas obligatorias a comentar en clase, a base de bodrios contemporáneos supuestamente adecuados a nuestra edad (a menudo se confunde la banalidad y vacuidad del contenido con la categoría de "juvenil")  que a mí me producían más aversión que los libros que leía por mi cuenta, en lugar de proponernos clásicos asequibles como Verne, Salgari o Kipling.  El resultado, como cabe esperar, fue que al cabo de los años ese buenrollismo literario no sirvió de nada, porque sólo continuaron leyendo aquellos que tenían intereses culturales.
Añado una cosa más en la etapa estudiantil. Yo cursé en secundaria por la rama de ciencias, pero ¿cómo narices iba a estudiar alguien que cursase letras la asignatura de Literatura prescindiendo de leer libros "poco atractivos para su edad"? ¿Se puede estudiar Literatura Española sin bucear, además, en el castellano antiguo del Quijote, El Conde Lucanor, La Celestina o El Buscón? Por esa regla de tres, ningún alumno de letras volvería a coger una novela tras entrar en la universidad.
Yo creo que es una cuestión que depende de otros factores muy diferentes. El más importante es comprender que si los padres no leen (que suele ser lo más habitual), a los hijos no les va a dar por hacerlo, por mucho que les insistan sus progenitores en un ansia de sacudirse el zoquetismo en la siguiente generación. Otro, que ya viene de mi infancia,  es que existen gran cantidad de estímulos apoltronados e inmediatos que interesan más a los menores, como la televisión o los videojuegos (ya no digamos más recientemente Internet). Y es que leer, más allá de un acto de aprendizaje, es un entretenimiento que requiere un ligero esfuerzo, que sin duda vale la pena, pero esfuerzo al fin y al cabo, por lo que siempre estará en desventaja para la mayoría, frente a las series o los canales de YouTube. 
No nos engañemos. No hace tantos años y durante muchas generaciones, cuando los padres sí leían (y no presumían públicamente, como ahora, de los clásicos que se niegan a leer simplemente por sentirse así rebeldes) y sí "obligaban" a los niños a leer según qué libros, de adultos continuaban leyendo, en parte porque la cultura no sufría el desprecio social de los tiempos actuales y también por falta de muchas otras opciones de ocio.  Esto no quiere decir que, amén de contenidos inadecuados para su edad, cualquier libro sea recomendable para un menor. Los hay que necesitan un conocimiento acumulado, tanto cultural como experiencial, que es inasequible para ellos. Pero son una minoría. Hay muchos grandes libros que un joven puede leer... Y releer si es necesario a otra edad para saborearlo de otra manera y desde otra altura. Lo malo es que muchos de los niños y adolescentes actuales, por desgracia, no tendrán jamás el bagaje cultural necesario para leer este tipo de libros, gracias a los modernos sistemas educativos, que defienden que es malo que los alumnos retengan conocimiento, en aras de "saber relacionar conceptos" o cosas más importantes todavía, como saber hablar en público y hacer aspavientos.
Animemos a los menores a leer buenos libros. No nos quedemos en las novelas "juveniles" de moda. También deben saber que es necesario hacer pequeños esfuerzos para llegar a algo interesante, como cuando aprendemos Matemáticas. Si un joven no aprende a ser un buen lector, de adulto nunca llegará a serlo y, como decía Santa Teresa de Jesús "en lugar de conducir, será conducido".

Comentarios

Entradas populares de este blog

"Last blood" o el funeral del justiciero

No suelo hacer entradas en el blog sobre películas de este tipo. Last blood es muy, muy floja, sin mucho que salvar, emborronada sobre todo por esa puñetera manía que tiene Stallone de intentar hacer, siempre que tiene la oportunidad , lo que no ha aprendido en casi cincuenta años de carrera: interpretar. Al igual que Schwarzenegger, solo es capaz de actuaciones convicentes cuando habla poco y hace su único personaje. Para colmo, podemos decir que durante demasiados minutos no vemos a Rambo, sino a un tipo que se llama como él, al que se le ha olvidado todo su oficio, toda su capacidad táctica; y no se distingue demasiado en sus quehaceres y recursos de un preparacionista novato de la América profunda. Con el párrafo anterior tendríamos suficiente (o incluso demasiado) para hablar de esta producción, y podríamos dejarlo ahí porque no da para mucho más, señalando la curiosidad de que la mitad del reparto son españoles haciendo el papel de mejicanos. Pero Last blood es mucho más

Necesitamos otro Torrente

Hace poco recordaba con preocupación la anécdota de Santiago Segura en Masterchef, que decidía renombrar el plato que tenía que preparar (un brazo de gitano)  para evitar ofender a nadie , a pesar de que el colectivo caló no destaca por su ofendidismo. Y lo cierto es que llevamos seis años huérfanos de José Luis Torrente. Digan lo que digan, me sigue pareciendo un personaje interesantísimo, a pesar de nunca haber sido reivindicado en público más que como un espantajo con el que ganar dinero y hacer reír. Como entidad cultural, sin duda marcada por la encomienda histórica de haber sido el bastión del catolicismo y la contrarreforma, España tiene infinidad de defectos y tres grandes virtudes que las compensan ampliamente: la solidaridad, la humildad y la honestidad. Esta última nos la conceden como propia hasta en latitudes afines y hermanadas como América Latina, de tan profuso que es nuestro idioma en expresiones para deplorar lo artificioso, lo irreal y lo poco auténtico. Por esa razó

"El Menstruador", de Lázara Blázquez Noeno

Hace pocos días, Sara Mesa comentaba en la presentación de su novela  Cara de pan  que la historia nace en parte por una experiencia extraña vivida por un amigo suyo, al que se le acercaron dos policías por el hecho casual de que había niños jugando en la zona del parque en la que estaba tranquilamente sentado. Al leerlo, me vino a la cabeza la anécdota de un amigo suizo: Me contaba que en su país los profesores de gimnasia habían optado por dejar irse al suelo a las alumnas que se caían de una espaldera o trepando la cuerda en lugar de recogerlas o intentar sostenerlas, temerosos de que fácilmente pudiesen ser acusados de agresión sexual por hacerlo En realidad,  El Menstruador  trata de esto mismo: un tipo de sexismo que nunca se saca a debate ni tiene grupos de influencia o propuestas políticas que traten de combatirlo, una criminalización preventiva del varón en según qué circunstancias de la que ya no se libran ni los niños . Más concretamente, se centra en la indefensión a