Ir al contenido principal

Mujeres en el cine de acción


Hace ya bastantes años, cuando las películas tardaban en envejecer y las productoras todavía pensaban que era importante hacer arte de vez en cuando (en vez de sagas, biografías y versiones), no me cansaba de ver a Sandahl Bergman blandir su cimitarra contra los esbirros del culto a la serpiente, interpretando a Valeria en alguna de las docenas de veces que han podido reponer en la televisión Conan, el bárbaro durante mi infancia y adolescencia. Bergman era atractiva, pero no canónica, atlética, y con un toque natural y silvestre, de modo que su personaje resultó una heroína legendaria y convincente. Desgraciadamente, no volvió a tener muchos otros papeles importantes en su vida, como han escaseado lamentablemente las Valerias en el cine estadounidense.
No es que no se hayan producido en todos estos años películas con personajes femeninos en papeles de acción, pero casi todas con la mala ocurrencia de creer que la actriz de moda del momento, una Barbie delicada y estupenda, iba a resultar creíble dando patadas artificiosas de vergüenza ajena. Peor aún, estos intentos fallidos los hacían habitualmente al lado de parteneres consolidados en el género, así que lo que pretendía ser normalizar el que las mujeres asumiesen ese tipo de papeles en la pantalla desembocaba en un esperpento metido a empujones que no interesaba a nadie. 
¿Por qué ni directores ni guionistas eran capaces de crear adecuadamente estos personajes? ¿En qué pensaban cuando seleccionaban las actrices para interpretarlos? La verdad es que ni siquiera haciendo el dudoso ejercicio de inspirarse en los personajes de acción masculinos tenía sentido este despropósito. Recordemos a Schwarzenegger, Stallone, Chuck Norris, Seagal... Sólo Van Damme era bien parecido y lejanamente sofisticado. El resto era majestualmente rudo, además de musculoso o experto en artes marciales. Probablemente el único intento con sentido de cierta relevancia fue Cynthia Rothrock, con una filmografía respetablemente extensa, aunque fuera de las productoras de primera fila.
Sólo hace unos pocos años, por fin, Hollywood empezó a hacerlo bien. Creo que el primer acierto fue seleccionar a Rhonda Rousey, la mediática estrella de las MMA, aunque fuese en el reparto coral de Los Mercenarios 3. Luego vinieron Atómica, Gorrión rojo y, sobre todo Wonderwoman, donde no se intentaron hacer versiones femeninas de personajes masculinos en uso (que también se ha intentado, y mucho), sino verdaderos personajes nuevos... Cierto es que el verdadero desencadenante, tristemente, son las tendencias y las modas, del mismo modo que las productoras luchan en los últimos años contra el qué dirán de lemas como Oscars so white, a costa, por ejemplo, de pervertir innecesariamente el tótem de Lara Croft.
¿Todo esto es, entonces, nuevo? Para el papanatismo cultural de occidente, que ve en Matrix una película original, sí. Pero en el cine de Hong Kong hay mujeres de acción desde hace cuarenta años, en un nivel al que todavía no ha llegado Estados Unidos, sobre todo en películas de kung fu. 
Y añadamos algo más: el cine oriental pasó hace más de treinta años la próxima marca que le va a tocar a Hollywood, que es introducir personajes homosexuales en este género. Véase el antagonista de Full Contact o la sodomización lúdico-punitiva que hace el personaje interpretado por Takeshi Kitano en Sonatine.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Libros perdidos en el océano

En la última Feria del libro de Madrid me topé en una de las casetas con una autora que me sonaba de haberla visto por Twitter, y así se lo hice saber. No recordaba su nombre, pero sí que solía escribir novela romántica, aunque esta vez firmaba algo de intriga. No era una escritora popular, más bien de las que suelen autodenominarse "independientes" porque, aunque no autopublicaba, trabajaba con una editorial pequeña que funciona de una manera similar, imprimiendo en físico bajo demanda y con escasa o nula distribución en librerías, por lo que le tocaría la mayor parte del trabajo de promoción de sus obras. En un primer momento la obra que estaba vendiendo no me resultaba interesante, pero a la vuelta de mi paseo decidí comprarla, a pesar de que la promotora apenas me lanzaba en ráfagas ininteligibles la descripción de la misma, supuse entonces que hastiada de todo el día haciendo lo mismo. Cuando me volví a casa, comprobé que esta mujer también me seguía a mí antes de que …

En defensa de la romántica

Desde hace algún tiempo me veo en la situación de tener que defender muchas causas que en realidad me siguen resultando indiferentes (o que, digámoslo claro, me importan un carajo). Esta es sin duda una de ellas y sobre algunas de las demás iré escribiendo... Lo que sí me importa es la crítica deshonesta y propagandística, esa que finge defender los derechos de los toros de lidia cuando lo que realmente le ofende es el pasodoble del Gato montés y los colores de la muleta del torero.
El desprecio hacia la novela romántica no es algo novedoso: a pesar de que la trama amorosa clásica ha servido como hilo conductor de historias de todo tipo desde la antigua Grecia, las obras puramente rosas han sido consideradas desde siempre subliteratura. Todo ello a pesar de que podría decirse que el género en época moderna bebe nada menos que de las monumentales novelas bovarísticas, sobre todo de Ana Karenina (luego volveremos sobre la obra de Tolstoi) y de los afluentes Brönte y Austen.
No voy a s…

Orgullo

Hay mucha gente crítica con el formato que suelen tener las fiestas del orgullo gay (ahora puede que sean del orgullo LGBTIQCA, pero por simplicidad y razones históricas me referiré a ellas así), incluso muchos homosexuales o individuos de identidades diversas, por considerarlo una especie de exhibición estridente innecesaria con la que no se identifican. Yo, sin embargo, defiendo que es la forma correcta de hacerlo, entendiendo que lo que pueda resultar socialmente más exótico o chocante es precisamente necesita una visibilidad mayor y más especial en un festejo reivindicativo: prejuicios aparte, no olvidemos que la gran mayoría de los individuos que componen estos colectivos no se diferencian del común del populacho en sus usos comunes más que en lo afectivo y sexual. Ni todos viven en Chueca, ni son ricos, ni amanerados o machunas en tendencia, ni necesariamente van con atuendos andróginos o se travisten en sus ratos libres, ni pertenecen a ninguna taxonomía tipo musculoca, osito