Ir al contenido principal

El mundo resplandeciente (Margaret Cavendish)


Esta es una curiosa novela publicada en 1666, poco conocida en nuestro país, escrita por una mujer interesantísima: Margaret Cavendish. Consiguió, además, un cierto revuelo mediático el verano pasado, cuando se publicó por primera vez en España, aunque tristemente hay que decir que casi todo lo que se dijo de ella de cara a su promoción era llamativo, pero completamente falso.
De El mundo resplandeciente se ha dicho que es la primera novela firmada por una mujer en Europa. Primera mentira: sin salir de la piel de toro, tenemos que Mariana de Carvajal y María de Zayas publicaron novelas antes que ella, sin utilizar pseudónimos y mucho más interesantes. También se llegó a afirmar que era la primera obra encuadrable en el género de ciencia ficción, pero la misma autora reconoce en el prefacio que sobre eso mismo han escrito antes, al menos, Luciano en su Historia verdadera y Cyrano de Bergerac en sus Historia cómica de los estados e imperios de la Luna (y el Sol).
Margaret Cavendish reconoce desde el primer momento y de manera muy honesta que El mundo resplandeciente no es más que un capricho, una anécdota, una concesión o prueba de plasmar por una vez, en otro formato más accesible al público general, la divulgación filosófica y científica, que es a lo que dedicó su vida la autora y por lo que merece realmente ser recordada. No en vano, fue la primera mujer que, tras mucho esfuerzo, consiguió ingresar en la Royal Society. Por lo tanto, no es más que una mala estrategia de marketing el tratar de destacar como obra importante de la época una novela anecdótica como esta, cuando ya las escasas autoras de por entonces habían conseguido hacer obras literarias de referencia recordadas hoy por su valor y no por la curiosidad de haber sido escrito por mujeres, que por agravio comparativo las devalúa, haciéndoles un flaco favor. Sin duda autoras como Sor Juana Inés de la Cruz, Santa Teresa de Jesús, Ana Caro o las citadas María de Zayas o Mariana de Carvajal y no Cavendish son las que tienen que ser comentadas y divulgadas como pioneras literarias en su tiempo... Lo que pasa es que el papanatismo ibérico a menudo nos hace creernos todo lo que dicen fuera y además, pensando que es mejor que lo nuestro.
La novela, como cabe esperar, es una simple excusa sin apenas trama ni desarrollo para reflexionar sobre el conocimiento científico, filosófico y teológico de la época, en la que todavía se recurría a la Biblia o a meras opiniones sin ningún tipo de base de hombres de ciencia o filósofos (algunos de ellos sí habían hecho aportes demostrables en los que todavía hoy nos apoyamos) cuando se trataba de explicar el funcionamiento de una parte de la naturaleza que por aquel entonces se desconociese. De hecho, recuerda mucho al razonamiento tomista presente en obras como el famoso Malleus Maleficarum. La obra tiene también una clara impronta autobiográfica, pues el personaje protagonista es claramente homologable a la propia autora en la primera parte de la misma, recordando el momento en el que Margaret ingresaba en lo más alto de la sociedad británica al casarse con Sir William Cavendish (que también fue duque de Newcastle, como en la ficción), y la relación de la duquesa protagonista con la emperatriz del mundo resplandeciente es el reflejo de la etapa en la que la escritora fue dama de la reina Enriqueta de Francia.
Por último, es justo reconocer que El mundo resplandeciente añade elementos originales e imaginativos que sí consiguen evolucionar de manera notable para la época el género de la Ciencia Ficción. La lectura no es sencilla, pero resulta muy recomendable para quien desee asomarse al pensamiento y el conocimiento del siglo XVII.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Nuevo artículo en la revista Rincón Bravío: "El timo de las banderitas"

  Tal vez usted, sufrido lector, ha llegado a pensar alguna vez que está fuera de lugar. Las redes  sociales están llenas de perfiles con banderitas que ni le suenan, triangulillos pabajo, lazos de  colorines y todo tipo de símbolos horteras compuestos con emoticonos que facilitan a los  desaprensivos de Silicon Valley o Pearl River Delta la tarea de segmentar a los idiotas que  compartimos contenido en ellas (créame, la inteligencia artificial no da para tanto como  dicen)... Seguir leyendo

Nuevo artículo en la revista Frontera D: "La crisis del libro"

Decidí emprender este artículo horrorizado tras leer a no pocos ciudadanos distinguidos de la república de las letras clamar por ese concepto difuso, eufemístico y vergonzante que siempre converge en algo siniestro: un “nuevo modelo”; en este caso para la industria del libro. Por supuesto, se estaban refiriendo a liquidar la distribución tal y como la entendemos hoy en día para sustituirla por impresión y envío bajo demanda: los que se reivindican representantes de la esencia literaria por ser pequeños editores o autores independientes, los guerrilleros de la cultura, quieren llevarse por delante las librerías para dejar todo en manos de magnates digitales a los que tanto les da vender libros que papel higiénico. La excusa es la creciente carestía del papel y lo poco ecológico del proceso actual, en el que muchos libros distribuidos terminan siendo retirados sin vender e incluso desechados para hacer sitio a nuevos títulos en los almacenes; pero la realidad ulterior es la

La culpa

Parece que después del comentario sobre Pororoca , me toca de nuevo hablar sobre la culpa. El otro día leía en un periódico que Angela Merkel daba por fracasada la política migratoria de la UE, porque consideraba que solo Alemania se mostraba flexible para acoger a algunos de los inmigrantes que se hacinan en las islas griegas más próximas a África. Hacía, a este respecto y no sin cierta razón, una referencia más o menos velada a las cuestiones religiosas, como corresponde a un partido democristiano como el CDU. Sin embargo, me resultaba sorprendente la perspectiva caritativa, disparada sin duda por la culpabilidad interna, algo típicamente católico: aunque su mentor Kohl sí lo era, Merkel es luterana. Debemos recordar que, en general, los protestantes ven a Dios como una especie de titiritero que no solo permite sino que origina todo lo que ocurre en el mundo, de modo que conciben la pobreza como una maldición y la riqueza como todo lo contrario, ambas de alguna manera merecidas a oj