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Seedorf o 'De escribiente a publicando'


Hace un par de semanas veíamos debutar al mismísimo Clarence Seedorf como entrenador del Deportivo de La Coruña. Era una sensación bastante extraña: un tipo que como jugador consiguió ganar la Liga de Campeones en tres clubes diferentes, debutando en la liga española con un equipo en caída libre, con una plantilla desarraigada, desmotivada y hecha a retales a base de jugadores que aspiran de muy lejos a ser magos del balón... Cedidos o descartados por otros clubes.
Es una triste vuelta a la casilla de salida dentro del mismo negocio muy poco después del retiro.  Alguien que lo ha sido todo, de repente, tiene que volver a demostrar de otra manera todo lo que se le presupone. Alguien que tuvo la oportunidad de debutar entrenando al mismo AC Milan. Alguien del que no hay duda de que conoce a fondo el fútbol de alta competición, mirado ahora con recelo. Alguien a quien no le falta dinero ni un buen representante aceptando un reto incómodo y con remotas posibilidades de éxito... Para, además, ni siquiera haber podido motivar ni organizar a sus jugadores para sacar un sólo punto en los dos partidos que lleva dirigiéndolos.
Quizás todo esto no es más que una triste alegoría de la realidad. Cuando alguien responsable y coherente consigo mismo se encuentra en el proceso creativo de una obra literaria, sin duda es la estrella de su mundo, el alfa y el omega de todo lo que ocurre. No le cabe duda de que, tras las iteraciones de escrituras, lecturas y correcciones, está creando algo de gran valor, sea por su nivel literario o por su potencial interés comercial. Y lo del valor no es algo etéreo o meramente fantasioso: familiares, amigos, conocidos e incluso profesionales o eruditos de la literatura le dirán desde la honestidad o el cariño que lo que acaba de crear vale mucho la pena... En resumen, que la obra se termina con seis copas de Europa, cinco balones de oro, siete pichichis, tres eurocopas y dos mundiales. Pero cuando el escritor se convierte en autor, el campo de juego pasa a ser la realidad. En su falsa modestia, no cree que de primeras su equipo debute en la Champions League... Pero qué menos que estar, como poco, en la lucha por entrar en Europa, ¿no? 
La realidad es un poco más rácana. Él sólo puede contemplar con las manos en los bolsillos y alguna instrucción a voz en grito qué tal se desenvuelve en el partido aquello que le ha costado tanto tiempo diseñar y pulir. Los resultados casi siempre son peores de lo esperado, porque aunque sobre lo demás, siempre falta nombre, que es lo que rebusca en el orgullo y en el honor para remontar un partido en circunstancias adversas y para intimidar y condicionar el juego del rival. Al principio los resultados no llegan, y el entrenador empieza a hacerse muchas preguntas (algunas razonables y otras no tanto): ¿Es realmente la historia interesante? ¿Está suficientemente entrenada? ¿Tiene tanto nivel literario como pensaba? ¿Le falta fluidez al juego? En resumen... ¿Realmente este equipo puede ganar?
Un libro bien trabajado termina encontrando su lugar si el entrenador persevera y, si es necesario, corrige. 
Puede que empezar perdiendo muchos partidos forme parte del aprendizaje necesario para llegar a ganar.‎

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