Ir al contenido principal

Crítica: La llamada


De esta película, que viene de un musical estrenado hace cuatro años, me esperaba poco más que una comedia española al uso, sin grandes pretensiones. Bien es cierto que no tenía referencias más allá del trailer, incluso pensaba que se trataba de la adaptación de algo venido de Broadway.  Nuevamente me equivocaba (y por desgracia no es algo que me ocurra a menudo de un tiempo a esta parte en el cine), aunque el resultado final de la obra no sea realmente satisfactorio.
La historia en sí misma es sencilla y, todo hay que decirlo, previsible desde muy pronto: María es una adolescente en un campamento de verano coordinado por monjas, cuya vida se presenta como disipada hasta la fecha junto a su amiga del alma Susana, con la que tiene un dúo de reggetón por el que un productor musical muestra interés. Una noche, Dios empieza a despertar su vocación cantándole canciones de Whitney Houston. María quiere responder a la llamada, pero no sabe cómo hacerlo, así que pide ayuda a las religiosas del campamento y a su amiga. La madre Bernarda la cree e intenta ayudarla a su modo. La hermana Milagros, monja joven, no se toma en serio "la señal" en intenta convencerla de que no renuncie a su futuro musical como hizo ella en su día, por la vocación monacal. Como cabe esperar, Dios espera que María se exprese a su manera (no a través de ritualismos formales) y Milagros esconde una crisis vocacional.
Vamos por partes. La historia, así contada, resulta interesante y no habría nada que añadir a respecto. Además, transcurre de manera muy efectiva y fluida.  Las interpretaciones de las protagonistas son bastante destacables y los diálogos son frescos, dinámicos y naturales. Resulta realmente sorprendente encontrar algo similar en una comedia española de este tipo.
Conforme avanzaba la película, me parecía más extraño que en una creación española hoy en día se trate el tema de la religión (no digamos ya las vocaciones), además tratando de adaptar el mensaje a los tiempos actuales, de tan poco acostumbrada que está la industria cinematográfica nacional a respetar ideas o cuestiones que estén fuera de sus líneas predominantes. Mi alma quería reconciliarse con la producción patria pensando que puede volver a ser librepensadora. Pero en el fondo sospechaba que algo no olía bien. Había indicios extraños: actrices más macizas que la media en el cine español (y que, además, se visten para ir de fiesta con una sensualidad y una sofisticación impensables para una adolescente), tangas y pantaloncitos muy cortos que sólo relacionaríamos con un campamento religioso en una película porno... Y no me equivocaba: el modo almodovariano en el que Milagros renuncia a sus votos tendría gracia para otro tipo de película, pero en esta resulta ridículo y un claro gesto a intentar neutralizar el contenido para no parecer "demasiado católica". O quizás esconda algo peor, que es el desconocimiento de los guionistas y directores del catolicismo o de la religión en general como para hacer una historia sobre el tema. Tal y como se presenta en ese punto de la obra, la vocación sería algo compltamente equivalente a una relación sentimental y la religión sería una aficción personal, como pudiera ser coleccionar canicas. De hecho, las apariciones de Dios (al que todos reconocen como tal) se tratan como fenómenos paranormales que no afectan a la idiosincrasia de los personajes, como si de un avistamiento de ovnis se tratase, lo que resulta absurdo hasta para una comedia.
A favor de la tesis del desconocimiento y la incultura está este último punto, que es la visión común contemporánea desde fuera de las nuevas generaciones debido al nivel cultural menguante: creer en un dios es una cuestión de fé... Pero de existir, sería un orquestador universal, no solo para los que en un momento dado creen en él, que es lo que se da a entender en la película. Además, están los nombres de las protagonistas, que podríamos calificar casi de infantiles: María (sobran los comentarios sobre lo poco que se lo han pensado), Bernarda (probablemente en un torpe intento de evocar a la matriarca de la famosa obra de Lorca) y Milagros... Bueno, porque se dan muchos en la peli, ¿no?
Con respecto a la música (al fin y al cabo, es un elemento importante en La Llamada), las canciones que tuvieron que componer para la ocasión (es decir, aquellas que no son de Whitney Houston) son bastante flojas. Por otro lado, el intentar plantear el electrolatino o reguetón (aunque no es lo mismo, en la historia se muestra como algo equivalente) como el libertinaje y la disipación supremas, relacionándolo puramente con el sexo, y como contrapunto extremo con el cristianismo es, evidentemente, un disparate. Sobre esto mismo los guionistas caen en su propia trampa: al comienzo de la película, las adolescentes van a un concierto de este estilo musical que, precisamente, nada tenía que ver en sus canciones con la sensualidad grotesca. Lo de la banda sonora es otra gran metedura de pata, eligiendo una canción de Pereza que sólo tiene en común con la película el título. No fue compuesta para la ocasión, ni creo que pensaran al escribirla en el Cantar de los cantares para hacer una alegoría mística a través de la historia tórrida que narra.
Por si esto fuera poco, La Llamada termina con un baile cutre, mal coreografiado, que no viene a cuento y que resulta patético incluso a unos ojos neutros o adversos a cualquier creencia religiosa. No es más que el triste colofón a un despropósito que, con un poco más de trabajo intelectual en el guión y un par de brochazos de pintura, podría haber sido una película muy interesante.

Comentarios

Entradas populares de este blog

"Last blood" o el funeral del justiciero

No suelo hacer entradas en el blog sobre películas de este tipo. Last blood es muy, muy floja, sin mucho que salvar, emborronada sobre todo por esa puñetera manía que tiene Stallone de intentar hacer, siempre que tiene la oportunidad , lo que no ha aprendido en casi cincuenta años de carrera: interpretar. Al igual que Schwarzenegger, solo es capaz de actuaciones convicentes cuando habla poco y hace su único personaje. Para colmo, podemos decir que durante demasiados minutos no vemos a Rambo, sino a un tipo que se llama como él, al que se le ha olvidado todo su oficio, toda su capacidad táctica; y no se distingue demasiado en sus quehaceres y recursos de un preparacionista novato de la América profunda. Con el párrafo anterior tendríamos suficiente (o incluso demasiado) para hablar de esta producción, y podríamos dejarlo ahí porque no da para mucho más, señalando la curiosidad de que la mitad del reparto son españoles haciendo el papel de mejicanos. Pero Last blood es mucho más

Necesitamos otro Torrente

Hace poco recordaba con preocupación la anécdota de Santiago Segura en Masterchef, que decidía renombrar el plato que tenía que preparar (un brazo de gitano)  para evitar ofender a nadie , a pesar de que el colectivo caló no destaca por su ofendidismo. Y lo cierto es que llevamos seis años huérfanos de José Luis Torrente. Digan lo que digan, me sigue pareciendo un personaje interesantísimo, a pesar de nunca haber sido reivindicado en público más que como un espantajo con el que ganar dinero y hacer reír. Como entidad cultural, sin duda marcada por la encomienda histórica de haber sido el bastión del catolicismo y la contrarreforma, España tiene infinidad de defectos y tres grandes virtudes que las compensan ampliamente: la solidaridad, la humildad y la honestidad. Esta última nos la conceden como propia hasta en latitudes afines y hermanadas como América Latina, de tan profuso que es nuestro idioma en expresiones para deplorar lo artificioso, lo irreal y lo poco auténtico. Por esa razó

"El Menstruador", de Lázara Blázquez Noeno

Hace pocos días, Sara Mesa comentaba en la presentación de su novela  Cara de pan  que la historia nace en parte por una experiencia extraña vivida por un amigo suyo, al que se le acercaron dos policías por el hecho casual de que había niños jugando en la zona del parque en la que estaba tranquilamente sentado. Al leerlo, me vino a la cabeza la anécdota de un amigo suizo: Me contaba que en su país los profesores de gimnasia habían optado por dejar irse al suelo a las alumnas que se caían de una espaldera o trepando la cuerda en lugar de recogerlas o intentar sostenerlas, temerosos de que fácilmente pudiesen ser acusados de agresión sexual por hacerlo En realidad,  El Menstruador  trata de esto mismo: un tipo de sexismo que nunca se saca a debate ni tiene grupos de influencia o propuestas políticas que traten de combatirlo, una criminalización preventiva del varón en según qué circunstancias de la que ya no se libran ni los niños . Más concretamente, se centra en la indefensión a