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Sobre mí


Soy Iván Cantero, escritor pretencioso de vocación tardía e ingeniero informático de formación, nacido en la pequeña ciudad melancólica del noroeste que ha dejado de ser departamental. Desde una vieja iglesia de piedra aislada y con vistas al Pacífico, resisto opinando y escribiendo acerca de todo un poco, sobre todo de cultura; así que no creáis a quien os asegure que me ha visto acechar eventos literarios en Madrid. Pronto podréis leerme en mi primera novela... Si es que alguien tiene el valor suficiente como para publicarla. Mientras, estoy trabajando en la segunda y espero seguir dando guerra para rato.

Puedes seguirme en Twitter (@IvanGCantero) o escribirme un correo.


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En la última Feria del libro de Madrid me topé en una de las casetas con una autora que me sonaba de haberla visto por Twitter, y así se lo hice saber. No recordaba su nombre, pero sí que solía escribir novela romántica, aunque esta vez firmaba algo de intriga. No era una escritora popular, más bien de las que suelen autodenominarse "independientes" porque, aunque no autopublicaba, trabajaba con una editorial pequeña que funciona de una manera similar, imprimiendo en físico bajo demanda y con escasa o nula distribución en librerías, por lo que le tocaría la mayor parte del trabajo de promoción de sus obras. En un primer momento la obra que estaba vendiendo no me resultaba interesante, pero a la vuelta de mi paseo decidí comprarla, a pesar de que la promotora apenas me lanzaba en ráfagas ininteligibles la descripción de la misma, supuse entonces que hastiada de todo el día haciendo lo mismo. Cuando me volví a casa, comprobé que esta mujer también me seguía a mí antes de que …

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Después de muchos años de pontificado y contaminación cultural, el imperio llegó a perder la noción de la realidad, atreviéndose a promover en los últimos tiempos tendencias sociales incompatibles con cualquier legalidad democrática o incluso con el sentido común. Ignorando la volatilidad y la fácil manipulación de las redes sociales, las consideró perfectamente representativas del sentir "del pueblo", sintiéndose confiado para seguir campando a sus anchas, cayendo en la trampa de ser víctima de su propio panfletismo. En España ni siquiera le arredaron sus desternillantes fracasos al castrar la línea editorial de El Mundo y antes del ABC, el periódico con más personalidad del país. Llegó incluso a conquistar EEUU, icono de la corrección política, sí, pero hasta entonces plaza impermeable a estos menesteres por su histórica tradición de sacralizar los derechos individuales, canonizando a su embajador allá con un Premio Nobel de la paz que nadie entiende. Hay quien cree que t…

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