Ir al contenido principal

Juancar: Orgullo y satisfacción


Después de unos cuantos años en los que no ha recibido más que burlas, críticas y desprecios, creo que vale la pena dedicar una breve entrada con buenos recuerdos del penúltimo rey. Recuerdos y agradecimiento.

Porque has hecho monárquica a España cuando ya nadie vivo recordaba a tu abuelo. Monárquica y no juancarlista, porque como dijo Errejón en un momento de lucidez, si nuestro país fuese republicano, votaría a partidos republicanos.

Porque has sabido caer bien, hasta cuando te acusaron de bohemio, por camaradería. Hasta cuando te afeaban tu aficción a la caza, o tus archienemigos querían deponerte cabalgando a lomos de tus yernos, fuiste capaz de sacar tu magia, y vencer mandando callar y callando a Hugo Chávez en una cumbre iberoamericana, metiéndose en el bolsillo a españoles e hispanos.‎

Por haber dejado al estado casi todas las propiedades que por derecho pertenecían a la Corona.

Por haberte prestado a inaugurar la tristemente pionera estatua del lamentablemente poco recordado Blas de Lezo en Madrid, con los galones supremos de la Armada Española.‎
Porque has sabido representar a tu país en el extranjero de manera más efectiva que cualquier presidente del gobierno... Y otros monarcas en otras tierras, mucho menos criticados que tú.‎

Porque, aunque quizás a veces hubieras tenido que significarte, tu simple referencia involátil consigue molestar por sí misma a quien quiere romper España de cualquier modo.‎
Y por último, por apoyar siempre a nuestro deporte allende el fútbol y noticiables, sin protocolos... Por supuesto, no podías ser discretamente aficionado a otro club que el Atlético de Madrid, aquel que mejor representa la historia y el espíritu brabucones y virtuosamente pírricos del pueblo español.

Comentarios

Entradas populares de este blog

La culpa

Parece que después del comentario sobre Pororoca , me toca de nuevo hablar sobre la culpa. El otro día leía en un periódico que Angela Merkel daba por fracasada la política migratoria de la UE, porque consideraba que solo Alemania se mostraba flexible para acoger a algunos de los inmigrantes que se hacinan en las islas griegas más próximas a África. Hacía, a este respecto y no sin cierta razón, una referencia más o menos velada a las cuestiones religiosas, como corresponde a un partido democristiano como el CDU. Sin embargo, me resultaba sorprendente la perspectiva caritativa, disparada sin duda por la culpabilidad interna, algo típicamente católico: aunque su mentor Kohl sí lo era, Merkel es luterana. Debemos recordar que, en general, los protestantes ven a Dios como una especie de titiritero que no solo permite sino que origina todo lo que ocurre en el mundo, de modo que conciben la pobreza como una maldición y la riqueza como todo lo contrario, ambas de alguna manera merecidas a oj

Nuevo artículo en la revista Rincón Bravío: "Eurovisión: no, no todo es política"

Hace cien años, Joris Karl Huysmans escribía en su novela   A Contrapelo  lo siguiente: "Al mismo se dio cuenta de que los librepensadores, los doctrinarios de la burguesía, esa gente que exigía todo tipo de libertades para poder aplastar las opiniones de los demás, no eran más que unos ávidos y desvergonzados puritanos, cuyo nivel de educación le parecía inferior al de cualquier zapatero." Esta bravuconada no necesita más actualización que la de los términos contextuales e ilustra a la perfección la realidad reciente, mucho más allá de los divertidos devenires del pasado fin de semana. Como el cáncer de politizarlo todo ha metastatizado sus repugnantes raíces por todas partes, debemos desgranar el asunto poco a poco para no empacharnos... Sigue leyendo

"Last blood" o el funeral del justiciero

No suelo hacer entradas en el blog sobre películas de este tipo. Last blood es muy, muy floja, sin mucho que salvar, emborronada sobre todo por esa puñetera manía que tiene Stallone de intentar hacer, siempre que tiene la oportunidad , lo que no ha aprendido en casi cincuenta años de carrera: interpretar. Al igual que Schwarzenegger, solo es capaz de actuaciones convicentes cuando habla poco y hace su único personaje. Para colmo, podemos decir que durante demasiados minutos no vemos a Rambo, sino a un tipo que se llama como él, al que se le ha olvidado todo su oficio, toda su capacidad táctica; y no se distingue demasiado en sus quehaceres y recursos de un preparacionista novato de la América profunda. Con el párrafo anterior tendríamos suficiente (o incluso demasiado) para hablar de esta producción, y podríamos dejarlo ahí porque no da para mucho más, señalando la curiosidad de que la mitad del reparto son españoles haciendo el papel de mejicanos. Pero Last blood es mucho más