Ir al contenido principal

Ayanta y Eva


En septiembre de 2009 arrancaba EsRadio. Además de contar con los habituales magazines de mañana, sobremesa y tarde-noche, a la hora en la que todos los demás emitían un programa de información deportiva (más bien futbolística), Ayanta Barilli y Eva Guillamón pilotaban un delicioso programa disruptivo y contra corriente: EsAmor. Como cabe imaginar, teniendo en cuenta que se trataba de una radio todavía no demasiado popular, sin grandes medios ni una cobertura comparable a la de las demás emisoras generalistas, los oyentes de EsAmor éramos una pequeña familia, de modo que al principio casi nos conocíamos entre nosotros. Y Ayanta tenía sobrenombre para todos nosotros, incluida la propia Eva, pronto conocida como La doctora Guillamor. 
Si EsAmor se hubiese emitido en un medio con más difusión, hubiera dado sin duda para unos cuantos virales legendarios. Recuerdo perfectamente a una mujer llamando en los primeros programas, diríase que por aburrimiento, para contar anécdotas bizarras fruto de una patología mental evidente, que las locutoras capeaban como podían... Pero sobre todo, una entrañable señora de un pueblo de Lugo, que llamaba al programa desde el establo de su casa junto a su vaca Mimosa (se oían los mugidos cuando el animal despertó mientras hablaba con Eva) para hablar discretamente de las infidelidades en las que había pillado in fraganti a su marido con la vecina, en sus propias palabras "revolcándose por el suelo".‎
Era un formato democrático, con mucha participación de los oyentes, tanto para contar experiencias como para opinar o incluso proponer canciones para el directo, y siempre con una pátina cultural para acercarse a los temas relacionados en general con el amor, que también iba configurando la propia audiencia. Cabe recordar en este punto al Detective, melómano por excelencia capaz de encontrar o de descubrir para todos temas musicales exóticos. Siempre he tenido la sensación de que aquel programa se hacía de manera completamente coral y entre todos habíamos construido una especie de club social melancólico e intimista para un puñado de románticos (en el más amplio sentido de la palabra), privado, pero transparente a través del escaparate herziano. Por más que seguía y temporalmente abandonaba por diferentes circunstancias personales, cuando regresaba me encontraba todo aquello alegremente intacto.
Desde el principio se espoleó la creatividad de los acólitos, además de con los habituales mensajes de texto o correos, con un concurso de cartas de amor del que hay que decir que resultaba sorprendente la calidad literaria de los escritos, sobre todo teniendo en cuenta el limitado volumen de oyentes con que contaba el programa. Una buena noche, después de un reenganche que me prometía que sería el definitivo, pensé que quizás yo podría escribir una carta como aquellas. Después de unos días de gestación, salió Mi reina y unos meses más tarde Duendecilla. Ambas fueron leídas por Eva en directo, con una breve entrevista posterior, para pasar a ser luego elegidas como cartas semanales y por tanto, finalistas y candidatas al premio mensual. Afortunadamente ninguna de las dos ganó (al fin y al cabo, a mi ego le hubiese venido mejor un trofeo simbólico en lugar de un fin de semana en un balneario que en aquel momento no tenía con quien compartir) y la gran recompensa que recibí es que quedé suficientemente satisfecho con el resultado de ambas en lugar de dormirme en la satisfacción de los laureles. Tanto como para hacerle caso a una muy querida amiga, tocaya de la Guillamón, y ponerme a escribir y descubrir poco después que, como decía Ana María Matute, es mi manera de estar en el mundo. Y no sólo eso, sino que todo el amalgama de lo vivido hasta entonces cobraba forma, orden y sentido para tal fin.
Poco después, EsAmor pasó a ser EsSexo y luego A media luz. Otros formatos, pero siempre negándose a abandonar por completo el seguir hablando de lo que más nos gustaba en aquel club romántico primigenio. Felicidades, Ayanta. Felicidades, Eva. Y por siempre, gracias.

Comentarios

Entradas populares de este blog

La culpa

Parece que después del comentario sobre Pororoca , me toca de nuevo hablar sobre la culpa. El otro día leía en un periódico que Angela Merkel daba por fracasada la política migratoria de la UE, porque consideraba que solo Alemania se mostraba flexible para acoger a algunos de los inmigrantes que se hacinan en las islas griegas más próximas a África. Hacía, a este respecto y no sin cierta razón, una referencia más o menos velada a las cuestiones religiosas, como corresponde a un partido democristiano como el CDU. Sin embargo, me resultaba sorprendente la perspectiva caritativa, disparada sin duda por la culpabilidad interna, algo típicamente católico: aunque su mentor Kohl sí lo era, Merkel es luterana. Debemos recordar que, en general, los protestantes ven a Dios como una especie de titiritero que no solo permite sino que origina todo lo que ocurre en el mundo, de modo que conciben la pobreza como una maldición y la riqueza como todo lo contrario, ambas de alguna manera merecidas a oj

Nuevo artículo en la revista Rincón Bravío: "Eurovisión: no, no todo es política"

Hace cien años, Joris Karl Huysmans escribía en su novela   A Contrapelo  lo siguiente: "Al mismo se dio cuenta de que los librepensadores, los doctrinarios de la burguesía, esa gente que exigía todo tipo de libertades para poder aplastar las opiniones de los demás, no eran más que unos ávidos y desvergonzados puritanos, cuyo nivel de educación le parecía inferior al de cualquier zapatero." Esta bravuconada no necesita más actualización que la de los términos contextuales e ilustra a la perfección la realidad reciente, mucho más allá de los divertidos devenires del pasado fin de semana. Como el cáncer de politizarlo todo ha metastatizado sus repugnantes raíces por todas partes, debemos desgranar el asunto poco a poco para no empacharnos... Sigue leyendo

"Last blood" o el funeral del justiciero

No suelo hacer entradas en el blog sobre películas de este tipo. Last blood es muy, muy floja, sin mucho que salvar, emborronada sobre todo por esa puñetera manía que tiene Stallone de intentar hacer, siempre que tiene la oportunidad , lo que no ha aprendido en casi cincuenta años de carrera: interpretar. Al igual que Schwarzenegger, solo es capaz de actuaciones convicentes cuando habla poco y hace su único personaje. Para colmo, podemos decir que durante demasiados minutos no vemos a Rambo, sino a un tipo que se llama como él, al que se le ha olvidado todo su oficio, toda su capacidad táctica; y no se distingue demasiado en sus quehaceres y recursos de un preparacionista novato de la América profunda. Con el párrafo anterior tendríamos suficiente (o incluso demasiado) para hablar de esta producción, y podríamos dejarlo ahí porque no da para mucho más, señalando la curiosidad de que la mitad del reparto son españoles haciendo el papel de mejicanos. Pero Last blood es mucho más