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Persecución


Hace 110 años, Robert H. Benson publicaba la que está considerada como primera distropía moderna: Señor del mundo. Se trata de una obra relativamente conocida en el mundo católico militante por las recomendaciones públicas de los dos últimos papas, pero prácticamente desconocida fuera de este ámbito. Sin embargo, su influencia es clara en la universal 1984 de Orwell, principalmente en la concepción de un mundo futuro globalizado en el que las guerras tienen lugar entre grandes bloques de civilización y no entre países, gobernados en una tiranía disfrazada de libertad. Claro que imaginaban el mal de manera diferente, partiendo del contexto histórico que les tocaba vivir, y mientras Orwell proyectaba el sainete perpetuo de la propaganda comunista de Stalin, Benson creía que la entonces todopoderosa masonería pilotaría desde la sombra, y sin hacer demasiado ruido, el camino hacia la perdición.
No es fácil abstraer ‎Señor del mundo del catolicismo, dado que el mismo autor era sacerdote, pero el ejercicio resulta interesante porque en el fondo refleja una sociedad vaciada de valores, frívola, relativista ante la moral de manera explícita y que pretende sustituir de malos modos los cultos y las éticas históricas por otras sincréticas y ridículamente artificiosas, consciente de que es imposible eliminar del mapa la espiritualidad... O simplemente las creencias. De este modo, y con el permiso del "Gran hermano" digital, Benson consigue imaginar de manera más precisa la sociedad futura (nuestro presente) que Huxley o el propio Orwell. El tema de fondo fue recuperado mucho después por Tim LaHaye para hacer la saga Dejados atrás.
Yéndonos a lo concreto, Señor del mundo retrata algo que podría parecer inverosímil desde los tiempos del imperio romano, que es la persecución de los cristianos. Es cierto que desde entonces ha habido cacerías (hace poco recordábamos a los mártires de Japón), pero más bien se daba entre unas ramas del cristianismo y otras en el contexto de reformas y contrarreformas de la Edad Moderna. ¿Algo demasiado exagerado o catastrofista para darse en el mundo occidental? La historia inmediatamente posterior dice que no: apenas diez años después se dió eso mismo en Méjico, donde un gobierno masón intentó ahorcar al catolicismo en este país, desembocando en la llamada Guerra Cristera. Y otra década más tarde, también con la masonería en el paisaje y otros ingredientes, en España se intentaba exterminar a la iglesia mediante la violencia directa. 
Dejando aparte ya países donde el cristianismo está prohibido legalmente o de facto, en nuestros días se asesinan cristianos por el hecho de serlo en Pakistán, Yemen, Nigeria, Sudán... Sin hablar de los dominios del Daesh. Pero es algo que no sale en las noticias. Tampoco solía mostrarse que había subastas diarias de cristianas y kurdas como mercancía sexual, ni suele mencionarse que es el objeto del 75% por ciento de la violencia religiosa.
Por todo eso, el día 24 de febrero, el Coliseo Romano se iluminará de rojo... Para recordar que aquello que sucedía dentro hace casi 2000 años no ha pasado, ni mucho menos, a la historia.

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