Ir al contenido principal

El procés de Kafka


Más allá del problema en sí, lo ocurrido políticamente en el último mes con respecto al separatismo catalán, además de aburrido, ha resultado bastante absurdo y ridículo. Tanto Puigdemont como Rajoy han jugado torpemente a ser Sun Tzu, pensando que así los iban a recordar los libros de Historia, y el resultado ha sido más bien una imitación de Chiquito de la Calzada (al que deseo una pronta recuperación).  
Josef K, un ciudadano catalán cualquiera, se encuentra un día al levantarse implicado en un procés que nadie sabe en qué consiste ni cuál es su objetivo. Un día le dicen que tiene que votar, pero no se sabe dónde van a estar los colegios electorales, puede votar todas las veces que quiera y, tras el recuento, una junta electoral oculta en el ático de algún edificio no se atreve a oficializar el resultado. En lugar de eso, un tipo que quiere llevar el pelo a lo Beatles sale en la tele diciendo que Cataluña se declara independiente, pero que la independencia se suspende para dialogar de cómo va a ser la independencia con los que se oponen a que se proclamen independientes. Al terminar la comparecencia, el que decía que no se había proclamado todavía la independencia (bueno, un poco), firmaba un papel con otros diciendo que sí se había proclamado la independencia para que una señora con un moño a un lado, que comprueba si le huelen las axilas en su escaño del parlament, no se enfadase con él. Confundido, Josef K va a ver lo que dice otro señor de barbas que también dice que es presidente. Este señor niega que haya habido una votación, o bien opina que lo que ha habido no era una votación. Y, para asegurarse de lo que había dicho el que quiere llevar el pelo como los Beatles, le pregunta por carta que si se ha programado la independencia, para ver si se equivocaba y le decía que sí o decía que no y la señora del moño a un lado que mira si le huelen las axilas se enfada con él y deja de ser su amiga. El Beatle dice que han declarado la independencia, pero solo un poquito, pero que pueden declararla más. En Madrid, un señor de coleta y otro que va sin corbata dicen que ellos no dicen que haya independencia o no, pero que esto se soluciona dialogando sobre el diálogo para que haya una indepedencia sin independencia pero que pareza a unos independencia y a otros no independencia. Como el Beatle no responde claro para no enfadar a sus amigos, en señor de barbas y el que no lleva corbata deciden que tienen que hacer algo, por si se ha declarado la independencia y Josef K no se ha enterado: aplicar el artículo 155 de la Constitución. Asustado, el señor de la coleta manda a uno de sus amigos que le pregunte al Tribunal Constitucional si aplicar la Constitución es Constitucional. Los otros dos debaten cómo aplicarlo sin aplicarlo, para que a unos les parezca que se aplica con mucha contundencia y a otros que no se aplica. Mientras tanto, la empresa de Josef K se va de Cataluña, pero el señor que se peina como los Beatles dice que no se está  yendo ninguna empresa, pero por si acaso, que dejen de irse, no vaya a ser que Josef K se asuste y no quiera que se diga si hay independencia o no. El señor sin corbata y el de barbas deciden finalmente que a lo mejor aplican el artículo, pero solo un poquito, porque como es la primera vez, quieren probar por si acaso. A partir de ahí, pasan los días, el señor de barbas esperando a que el que se peina como los Beatles declara la independencia para poder tener la excusa aplicar (un poquito) la Constitución, y viceversa. 
Finalmente hoy, como todos ya se habían olvidado del procés o bien pensaban que se podía quedar sin implementar por temas burocráticos y los amigos del señor que se quiere peinar como los Beatles se empezaban a reir ya de él, se declara la independencia de Cataluña (pero, si acaso, la empiezan a aplicar el lunes, que esto es España). Josef K mira de nuevo hacia Madrid y allí le aseguran que no va a haber independencia, que van a tener al señor Beatle castigado una temporada y que el 21 de diciembre va a haber otra vez elecciones en Cataluña para que (con toda probabilidad) haya un resultado similar que el que hay hoy en día en el parlamento catalán... Y se reinicie el procés.

Comentarios

Entradas populares de este blog

La culpa

Parece que después del comentario sobre Pororoca , me toca de nuevo hablar sobre la culpa. El otro día leía en un periódico que Angela Merkel daba por fracasada la política migratoria de la UE, porque consideraba que solo Alemania se mostraba flexible para acoger a algunos de los inmigrantes que se hacinan en las islas griegas más próximas a África. Hacía, a este respecto y no sin cierta razón, una referencia más o menos velada a las cuestiones religiosas, como corresponde a un partido democristiano como el CDU. Sin embargo, me resultaba sorprendente la perspectiva caritativa, disparada sin duda por la culpabilidad interna, algo típicamente católico: aunque su mentor Kohl sí lo era, Merkel es luterana. Debemos recordar que, en general, los protestantes ven a Dios como una especie de titiritero que no solo permite sino que origina todo lo que ocurre en el mundo, de modo que conciben la pobreza como una maldición y la riqueza como todo lo contrario, ambas de alguna manera merecidas a oj

Nuevo artículo en la revista Rincón Bravío: "Eurovisión: no, no todo es política"

Hace cien años, Joris Karl Huysmans escribía en su novela   A Contrapelo  lo siguiente: "Al mismo se dio cuenta de que los librepensadores, los doctrinarios de la burguesía, esa gente que exigía todo tipo de libertades para poder aplastar las opiniones de los demás, no eran más que unos ávidos y desvergonzados puritanos, cuyo nivel de educación le parecía inferior al de cualquier zapatero." Esta bravuconada no necesita más actualización que la de los términos contextuales e ilustra a la perfección la realidad reciente, mucho más allá de los divertidos devenires del pasado fin de semana. Como el cáncer de politizarlo todo ha metastatizado sus repugnantes raíces por todas partes, debemos desgranar el asunto poco a poco para no empacharnos... Sigue leyendo

"Last blood" o el funeral del justiciero

No suelo hacer entradas en el blog sobre películas de este tipo. Last blood es muy, muy floja, sin mucho que salvar, emborronada sobre todo por esa puñetera manía que tiene Stallone de intentar hacer, siempre que tiene la oportunidad , lo que no ha aprendido en casi cincuenta años de carrera: interpretar. Al igual que Schwarzenegger, solo es capaz de actuaciones convicentes cuando habla poco y hace su único personaje. Para colmo, podemos decir que durante demasiados minutos no vemos a Rambo, sino a un tipo que se llama como él, al que se le ha olvidado todo su oficio, toda su capacidad táctica; y no se distingue demasiado en sus quehaceres y recursos de un preparacionista novato de la América profunda. Con el párrafo anterior tendríamos suficiente (o incluso demasiado) para hablar de esta producción, y podríamos dejarlo ahí porque no da para mucho más, señalando la curiosidad de que la mitad del reparto son españoles haciendo el papel de mejicanos. Pero Last blood es mucho más